El enemigo no descansa
Vivimos en una era online, todo está en Internet y sabemos que hay lugares en los que cualquiera puede ver cosas con cámaras conectadas.
Vivimos en una era online, todo está en Internet y sabemos que hay lugares en los que cualquiera puede ver cosas con cámaras conectadas.
A quién no le pasa, que cuando quiere echar mano del móvil que supuestamente, lleva rato sin actividad, se encuentra con que su batería ha mermado… Y encontrarse con que no se dispone de red wifi y nuestros datos parece que andan en mínimos y la lentitud en la carga de nuestras aplicaciones se hace eterna…
Pues sí amigos, vivimos en un mundo bipolarizado. Y es que en el fondo nos gustan las polémicas, nos va la marcha, lo llevamos dentro, y para poder participar en ello hay que mojarse: O estás conmigo o estás contra mí. Lo vemos en todos los ámbitos de la vida: Ideología A contra ideología B; partido político A contra partido político B; equipo de fútbol A contra equipo de fútbol B; creyentes contra ateos; moros contra cristianos; Messis contra Cristianos; machistas contra feministas; patriotas contra antipatriotas; solteros contra casados; Villarriba contra Villabajo; Pepsi contra CocaCola; La Fuerza contra el Lado Oscuro; Coyote contra Correcaminos...
¿Os acordais cuando hablamos de los temidos trolls? Pues me he encontrado un artículo sobre una nueva tecnología que se encuentra en su primera etapa de desarrollo y que utiliza el aprendizaje automático (machine learning) para ayudar a identificar comentarios negativos y tóxicos en las noticias de forma automática.
Como todos imaginareis, y si no, os lo digo yo, a parte del perfil de Como un pulpo en la nube que tenemos en Facebook, Twitter o Google+, a nivel personal también tengo mi propio perfil. Por supuesto, un perfil privado, con filtros para asegurarme bien de quién lo ve, ya que no deja de ser una red social, donde no todos los contactos son tus íntimos, y a los que, yo personalmente, no les hago participes del color de la taza con la que hoy he tomado el primer café, ni les expongo dónde paso el próximo fin de semana, o lo que vamos a comer…
Hay muchas formas de ser romántico – nostálgico – vintage en el siglo XXI. De hecho, es algo que está de moda, con eso de recuperar de adultos lo que marcó nuestras infancias; lo vemos por ejemplo en el cine con precuelas, secuelas, remakes, etc. de mitos de los 70 y 80 (Star Wars, Alien, Indiana Jones...).
A ver quién es el listo que se acuerda una contraseña sin lógica ni sentido, con mezcla de minúsculas, mayúsculas y números…Una verdadera proeza, al menos para mi, recordar algo más que una palabra con una cifra significativa, y recordar que la primera letra va en mayúscula…
Lanzo una pregunta: ¿qué empresa de las que conocéis o con las que trabajáis, no tiene ya un perfil en alguna red social del amplio abanico que tenemos para elegir? Me da que la respuesta es que en todas o casi todas (salvo excepciones, que haberlas haylas), ya se coquetea con este campo de las redes sociales, que cada vez pisa más fuerte y que cada año adquiere más y más funcionalidades.
Con motivo de la reciente celebración de ese evento fundamental para la felicidad de la raza humana e incluso diría que para la supervivencia de la especie, llamado Oscars de Hollywood, me ha dado por recopilar una serie de escenas inolvidables del séptimo arte cuya resolución habría sido bien diferente en nuestros días, de haber contado sus protagonistas con todas estas maravillas impensables entonces, igualmente básicas para dar sentido a nuestra existencia, procedentes de la sacrosanta tecnología actual, creada y bendecida por los dioses de Silicon Valley. Eso sí, advierto que esta entrada contiene SPOILERS.
Hace apenas unos días nos bombardeban con múltiples corazones que nos recordaban que teníamos encima el 14 de febrero. En estos tiempos que corren, hasta San Valentín se nos ha modernizado. La cantidad de apps para ligar que han proliferado: Tinder, Meetic, Badoo… Vamos, que quien quiera tener una pareja o pseudo pareja ese día lo tiene fácil no, facilísimo. Pero no todo es tan bonito como se nos pinta en muchas ocasiones.
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