Una nueva oleada de ciberataques posiciona de nuevo al ransomware como desvelo empresarial
Los ataques de ransomware vienen siendo desde hace años una de las grandes preocupaciones de las empresas de todo el mundo. Su frecuencia y la carga económica que pueden llegar a suponer hacen imperativo para las organizaciones fortalecer la protección de sus sistemas informáticos y datos.
El ransomware vuelve a situarse en el centro de la agenda empresarial tras una nueva oleada de ciberataques que afecta tanto a grandes infraestructuras como a pymes. Hace algunos días, el Puerto de Vigo se ha visto obligado a aislar sus sistemas tras un ataque que dejó inoperativas sus plataformas digitales durante horas, obligando incluso a recurrir a registros manuales en algunos procesos.
El caso no es aislado. En España, las empresas sufren ya cerca de 1.900 ciberataques semanales, mientras que el impacto económico global de estos incidentes alcanzó los 8.500 millones de euros en la segunda mitad de 2025.
Además, el ransomware sigue siendo la amenaza dominante, ya que la mayoría de los ataques en el país responden a secuestro de datos, con exigencias económicas que pueden superar los 100.000 euros por incidente y costes totales medios de hasta 3,5 millones por empresa afectada.
En este contexto, las estrategias de defensa están evolucionando. Más allá de firewalls o antivirus, cada vez más expertos apuntan a un problema estructural como es la falta de control sobre la información corporativa. “El ransomware no solo es un problema tecnológico, es un problema de gestión del dato. Cuando una organización no sabe exactamente qué información tiene, dónde está o quién accede a ella, el impacto de un ataque se multiplica”, explica Biel Soler, COO de OpenKM.
Uno de los factores que agravan el impacto de estos ataques es la fragmentación documental. Archivos duplicados, versiones descontroladas, repositorios dispersos o accesos poco definidos generan entornos donde resulta difícil contener una brecha o evaluar su alcance real. Este escenario se vuelve especialmente crítico en sectores intensivos en documentación, como industria, administración pública o entornos portuarios, donde la paralización de sistemas digitales puede afectar directamente a la operativa diaria.
“La diferencia entre un incidente grave y uno crítico suele estar en la capacidad de la empresa para responder. Y eso depende en gran medida de si puede reconstruir qué ha pasado con sus documentos”, señala Biel Soler. En este punto, la gestión documental está empezando a jugar un papel clave como capa complementaria de ciberseguridad. Centralizar la información, controlar accesos, mantener trazabilidad y gestionar versiones no solo mejora la eficiencia, sino que reduce la superficie de exposición ante un ataque.
Además, en escenarios de ransomware, estas capacidades permiten acotar el daño: identificar qué documentos han sido comprometidos, aislarlos y recuperar versiones anteriores sin depender exclusivamente de copias de seguridad masivas. “La mayoría de las estrategias se centran en evitar el ataque, pero no en operar durante el ataque. Tener la información organizada, auditada y controlada es lo que permite tomar decisiones rápidas cuando ocurre”, añade el COO de OpenKM.
El problema, sin embargo, no deja de crecer. El uso de inteligencia artificial está acelerando tanto la sofisticación de los ataques como la generación de datos en las empresas, lo que amplía la superficie de riesgo. De hecho, informes recientes advierten de que el 88% de las organizaciones que utilizan IA realizan operaciones con potencial riesgo de filtración de datos.
Ante este escenario, las compañías empiezan a replantear su enfoque: no solo proteger sistemas, sino gobernar la información. “La ciberseguridad del futuro no va solo de bloquear accesos, sino de saber exactamente qué estás protegiendo. El dato se ha convertido en el principal activo… y también en la principal vulnerabilidad”, concluye Biel Soler.
En un entorno donde los ataques son cada vez más frecuentes, rápidos y sofisticados, la capacidad de controlar la información ya no es solo una cuestión tecnológica. Es, cada vez más, una cuestión de supervivencia empresarial.