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El futuro del teletrabajo

El futuro del teletrabajo

Tres de cada diez españoles podrán teletrabajar en los próximos años.

Randstad, empresa de recursos humanos, ha publicado el Informe teletrabajo en España elaborado por su centro de estudios, Randstad Research. Este estudio analiza la situación del teletrabajo en nuestro país, analiza sus consecuencias y prevé su comportamiento en el futuro.

Randstad Research prevé que el teletrabajo continuará creciendo más allá de la pandemia, impulsado por la digitalización y sus ventajas para la sociedad, permitiendo que el 30,6% de los ocupados españoles puedan trabajar de este modo en los próximos años.

Este porcentaje casi duplica la última tasa de teletrabajo disponible (16,6%), lo que muestra el amplio margen de crecimiento que esta tecnología aún tiene por delante.

A nivel autonómico, en todas las comunidades la estimación del porcentaje de ocupados que podría teletrabajar es también superior a la última tasa registrada en el primer trimestre del año. Esto apunta a una potencial revolución en el mundo del empleo, tanto en España como en muchos países.

En concreto, las estimaciones elaboradas por Randstad Research marcan las tasas de teletrabajo más altas en la Comunidad de Madrid (35,9%), Euskadi (34,2%) y Catalunya (33,5%). Esto podría estar relacionado con el tamaño de las concentraciones urbanas, que generaría un incentivo mayor a adoptar el teletrabajo debido a los superiores ahorros potenciales en tiempo y gasto de transporte.

Con porcentajes más moderados, se encuentran Asturias (32,1%), Navarra (29,9%), Galciia (29,5%), la Comunitat Valenciana (29,2%), Aragón (28,6%), Cantabria (28,3%), La Rioja (27,6%), Andalucía y Castilla y León (ambas con 27,5%). Las tasas de teletrabajo más discretas del país se registrarán en Extremadura (27,4%), Canarias, Castilla-La Mancha (ambas con 27,2%), la Región de Murcia (26,7%) y Baleares (26,3%).

Información, inmobiliario, educación y financiero, los que más teletrabajarán

En lo que se refiere a sectores, Randstad Research encuentra grandes diferencias entre los porcentajes de teletrabajo que tendrán unas u otras actividades en nuestro país.

Unas diferencias motivadas por factores como la necesidad de contacto físico entre proveedor y cliente para la provisión de servicios, o a la existencia de actividades físicas como el manejo de maquinaria.

En concreto, los sectores que más teletrabajarán serán los de información y comunicaciones (67,3%), actividades inmobiliarias (64,2%), educación (61,1%) actividades financieras y seguros (61%) y actividades profesionales, científicas y técnicas (59,9%).

Ya con porcentajes más moderados se encuentran los sectores de transporte y almacenamiento (45,1%), suministros de energía (43,5%), actividades artísticas y recreativas (40,7%), administración pública (34,3%) y comercio (32,8%).

Por debajo de la media de sectores (30,6%), se encuentran las actividades de suministro de agua y gestión de residuos (30%), industria manufacturera (21,6%), actividades administrativas y de servicios auxiliares (19%), sector sanitario (16,7%), hostelería (13,5%), construcción (12,9%), empleados del hogar (9,3%) y sector primario (8,2%).

El 63% de los españoles quiere teletrabajar

Randstad Research también ha tenido en cuenta la percepción de los ciudadanos en cuanto a su experiencia con el teletrabajo y sus perspectivas de cara a futuro. Así, y según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), al 62,6% le gustaría continuar trabajando de manera remota, mientras que el 30,6% no comparte este planteamiento.

Esta misma encuesta muestra que el 75,7% de los encuestados considera que el teletrabajo es una buena forma de organizar y realizar el trabajo al margen de la pandemia, frente a un 17,8% que opina al contrario.

El CIS también indica que la experiencia del teletrabajo a consecuencia de la pandemia fue por lo general positiva para los trabajadores, con un 68,8% de encuestados que se consideró como satisfecho o muy satisfecho, frente a un 27,4% que se mostró como poco o nada satisfecho.

Sobre esta misma cuestión preguntó Eurofund a nivel de la Unión Europea. Este estudio señala que el 56,8% de los europeos están satisfechos con experiencia de teletrabajo, frente al 19,4% que se mostraron contrarios. La percepción en nuestro país es ligeramente inferior, ya que el 52,8% consideraron que la experiencia de teletrabajo fue satisfactoria, mientras que el 21% lo describen como algo negativo.

Efectos del teletrabajo: la productividad

El estudio de Randstad Research ha analizado los efectos que la implantación del teletrabajo podría tener en aspectos como la productividad de las empresas. Unos efectos de gran importancia, pues determinarán en gran medida los incentivos para su adopción en el largo plazo.

Como efectos positivos, el estudio destaca una mejor concentración por menores ruidos e interrupciones, mayor autonomía en la organización del teletrabajo y mayor motivación por la autonomía y la flexibilidad horaria y geográfica. Otros aspectos beneficiosos sería el posible aumento de las horas de trabajo y la reducción de los días de baja por enfermedad.

En cuando a consecuencias negativas para la productividad, Randstad Research destaca la menor interacción con los compañeros, una menor motivación por la soledad y el solapamiento de la actividad laboral con necesidades de la vida personal, como el cuidado de los niños. Otros aspectos que podrían afectar a la productividad sería la falta de espacios adecuados para el teletrabajo y de herramientas tecnológicas adecuadas.

Más allá de aspectos positivos o negativos, existen una serie de factores que influyen en la productividad del teletrabajo como la infraestructura digital de las empresas, las competencias digitales de los empleados, el tipo de tareas a desempeñar, las características de personales de cada trabajador y su voluntad, y el grado de teletrabajo que conlleva su puesto de trabajo.

Impacto del teletrabajo en el transporte

La implantación del teletrabajo también tendría considerables efectos en lo que a transporte y movilidad de los trabajadores se refiere. El estudio considera que el teletrabajo supondría de media un ahorro de más de 100 kilómetros y cinco horas y media a la semana en desplazamientos, el equivalente al 13,8% de la jornada laboral estándar (40 horas).

Esta situación provocaría un evidente ahorro de recursos para los ciudadanos, en especial los destinados a combustible, y que pueden dedicar a otros gastos, el ahorro o la inversión. Por otro lado, supone una reducción considerable de emisiones, lo que se traduce en efectos positivos para la protección del medio ambiente, el clima y la salud de las personas al mejorar la calidad del aire. De hecho, para el 26% los trabajadores, los efectos positivos sobre el medio ambiente son una motivación para el teletrabajo.

Por último, el teletrabajo supone un notable ahorro de tiempo en desplazamientos, tanto directo, sobre las personas que teletrabajan, como también indirecto, ya que la reducción en el número de desplazamientos genera una descongestión del tráfico, reduciendo del tiempo de trasporte para las personas que siguen trabajando de manera presencial.

El futuro de las ciudades del teletrabajo

Pero uno de los impactos más considerable que tendría el teletrabajo sería en la morfología de las ciudades. Los tamaños de las viviendas actuales y su adecuación para el teletrabajo podrían llevar a muchas personas que trabajan en remoto a mudarse a viviendas más grandes, lo que es más asequible a medida que aumenta la distancia de los principales centros urbanos.

Este escenario podría provocar también una reducción en la ocupación y demanda de oficinas, en especial en las ciudades con un alto porcentaje de empleos que se pueden realizar a distancia, lo que coincide con las zonas de mayor densidad. Sin embargo, la necesidad de un mayor espacio en las oficinas para mantener un mayor distanciamiento social ha compensado parcialmente este fenómeno.

La combinación de estos factores, de una menor demanda de viviendas y de oficinas en el centro de las ciudades, puede tener efectos importantes sobre su dinámica al reducir la demanda de servicios en las zonas próximas a las oficinas en el centro, más teniendo en cuenta que el salario de los empleados que pueden teletrabajar tiende a ser más elevado que la media.

Este fenómeno puede llevar no solo al abandono del centro de las ciudades, sino el traslado a zonas rurales. El teletrabajo generaría una dinámica que compense la tendencia histórica de concentración de la población en zonas con mayor dinamismo económico, ayudando a equilibrar el uso del territorio no solo dentro de las ciudades sino entre las diferentes zonas geográficas en España.

Ante este escenario es complicado plantear previsiones, ya que la pandemia aún no ha sido derrotada y ello conlleva muchas incertidumbres. Por ejemplo, todavía no sabemos qué duración tendrá o cuál será la capacidad de contagio de las nuevas variantes y su potencial efecto en niños, lo que influiría en las decisiones de cambio de residencia.

Tampoco está definido el modelo de teletrabajo que se implantará de manera mayoritaria, es decir, el porcentaje de días que se trabajan en la oficina, que puede variar de algunos días a la semana a algunos días o ninguno al año. Otros aspectos de importancia sería la conectividad que ofrecen las zonas rurales o su oferta de servicios, en especial la relacionada con la sanidad o la educación.

En definitiva, a corto y medio plazo, aunque el propio contexto de la pandemia ha impulsado el teletrabajo, también ha creado numerosas restricciones a la movilidad entre municipios, regiones y países, limitando la libertad de las personas para cambiar temporalmente de residencia.

Más a medio y largo plazo, existen dos factores fundamentales. El primero consiste en el modelo de teletrabajo que se implante tras la pandemia, básicamente si requerirá de una asistencia semi presencial durante algunos días a la semana. El segundo consiste en la presencialidad de la educación, que limitaría la movilidad de las personas con hijos en edad escolar.

Retos del teletrabajo

El informe de Randstad Research concluye alertando sobre una serie de retos a los que se tiene que enfrentar el teletrabajo si se quiere convertir no solo en un modelo alternativo al trabajo presencial, sino ser el dinamizador de todo un proceso de transformación de la sociedad. Aunque, eso sí, aún desconocemos su alcance en el medio y largo plazo tras la superación de la pandemia, ya que, en la actualidad, los datos de teletrabajo tanto real como potencial, muestran que se trata de un fenómeno masivo pero concentrado en trabajadores con determinado perfil: nivel educativo alto, de determinados sectores de actividad y ocupaciones.

Por un lado, este análisis señala la necesidad de impulsar medidas para lograr establecer barreras entre el tiempo de trabajo y el tiempo personal. Medidas relacionadas con nuevos hábitos de organización para los empleados, una cultura corporativa que respete el tiempo personal y la adaptación de las viviendas.

El estudio de Randstad Research también revela que el potencial efecto del fenómeno del teletrabajo en la políticas de transformación urbana y regional, tanto para readaptar zonas que puedan perder población o actividad, como zonas que puedan experimentar crecimientos de población, necesitando nuevos servicios, favoreciendo una evolución y crecimiento equilibrado de las diferentes zonas urbanas y rurales en línea con los cambios tecnológicos.

También sería necesario impulsar políticas que favorezcan la creación de empleo y la mejora de la empleabilidad de personas que se hayan visto dañadas por la crisis y por el auge del teletrabajo y que además no puedan teletrabajar. Esto implica entre otras cosas reforzar las competencias digitales y ofrecer formación en línea a las demandas del mercado de trabajo.

Por último, Randstad Research señala la importancia de apoyar a los trabajadores con más dificultades en la transición al teletrabajo y de adaptarse a la heterogeneidad existente a nivel de empleos y personas, apostando por soluciones flexibles que maximicen el rendimiento y el bienestar.


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