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La IA en la tesorería corporativa

La IA en la tesorería corporativa

La inteligencia artificial inaugura una nueva era para la tesorería corporativa

Ernesto De La Calle, Director Comercial de All CMS

 

Durante años, la transformación digital de los departamentos financieros ha estado asociada a la automatización, la integración de sistemas y la mejora de la eficiencia operativa. Sin embargo, la llegada de la inteligencia artificial está impulsando un cambio mucho más profundo: una nueva forma de gestionar la liquidez, analizar los riesgos y tomar decisiones financieras.

Los departamentos de tesorería desempeñan un papel esencial en las organizaciones. Son responsables de garantizar la liquidez, gestionar las relaciones bancarias, controlar los riesgos financieros y optimizar el capital circulante. Tradicionalmente, buena parte de estas actividades se ha apoyado en el análisis de datos históricos, previsiones manuales y procesos que consumen mucho tiempo y recursos.

Ese modelo está cambiando. Los Treasury Management Systems (TMS), que durante años han permitido centralizar información bancaria, automatizar pagos y controlar posiciones de caja, están evolucionando hacia plataformas inteligentes capaces de analizar grandes volúmenes de datos y ofrecer recomendaciones cada vez más precisas. La inteligencia artificial se incorpora así a la gestión diaria de la tesorería, facilitando la anticipación de escenarios, la detección de anomalías y la identificación de posibles riesgos.

Esta transformación responde también a un entorno económico cada vez más complejo, marcado por la volatilidad de los mercados, las tensiones geopolíticas, los cambios regulatorios, el incremento del fraude financiero y la presión sobre la liquidez. En este contexto, disponer de información en tiempo real ya no es una ventaja competitiva, sino una necesidad.

La IA permite transformar grandes volúmenes de información dispersa en conocimiento útil para la toma de decisiones. Puede analizar simultáneamente datos bancarios, sistemas ERP, previsiones de ventas, comportamiento de clientes o variables macroeconómicas para elaborar previsiones de tesorería más precisas. El objetivo es dejar de limitarse a conocer qué ha ocurrido para empezar a anticipar qué puede suceder.

Esta capacidad predictiva cambiará profundamente el trabajo de los equipos financieros. Muchas horas dedicadas actualmente a recopilar información, elaborar informes o reconciliar datos podrán destinarse a actividades de mayor valor añadido, como el análisis de escenarios, la evaluación de riesgos y la planificación estratégica.

Sin embargo, sería un error pensar que la transformación consiste únicamente en automatizar procesos existentes. Las organizaciones que obtendrán mayores ventajas serán aquellas capaces de rediseñar sus flujos de trabajo e integrar la inteligencia artificial en sus procesos financieros. Para ello, será necesario establecer modelos sólidos de gobierno del dato y definir qué decisiones pueden delegarse en la tecnología y cuáles deben seguir dependiendo del criterio humano.

Un nuevo papel para el CFO y el tesorero

Uno de los cambios más relevantes afectará al papel del director financiero y del tesorero corporativo. Durante décadas, el CFO ha dedicado buena parte de su tiempo a supervisar cierres contables, controlar presupuestos, explicar desviaciones y garantizar el cumplimiento normativo. Aunque estas responsabilidades seguirán existiendo, la IA reducirá el esfuerzo operativo asociado y permitirá reforzar su función estratégica.

El CFO tendrá que interpretar información cada vez más compleja, evaluar escenarios alternativos, gestionar riesgos en tiempo real y liderar la transformación digital de las finanzas. Algo similar ocurrirá con el tesorero, cuyo trabajo evolucionará desde el control de la posición de caja y la ejecución de operaciones hacia la supervisión de un ecosistema inteligente capaz de monitorizar la liquidez, detectar desviaciones, analizar riesgos y proponer decisiones de financiación o inversión.

Ambos asumirán, además, nuevas responsabilidades relacionadas con el gobierno de la inteligencia artificial. Aspectos como la transparencia, la trazabilidad, la calidad de los datos y la supervisión humana pasarán a formar parte de sus competencias habituales.

Porque la IA también incorpora riesgos que no deben infravalorarse. En un ámbito tan sensible como el financiero, ninguna organización puede tomar decisiones relevantes únicamente porque lo recomienda un algoritmo. La responsabilidad última debe seguir correspondiendo a las personas, especialmente en cuestiones relacionadas con inversiones, financiación o movimientos importantes de liquidez.

La calidad de los datos constituye otro desafío fundamental. La inteligencia artificial solo puede ofrecer buenos resultados si trabaja con información completa, coherente y actualizada. Los datos incorrectos pueden provocar previsiones erróneas, necesidades de financiación innecesarias o decisiones equivocadas.

A ello se suma la ciberseguridad. La misma tecnología que ayuda a detectar comportamientos anómalos también puede ser utilizada por los ciberdelincuentes para sofisticar sus ataques. Los correos fraudulentos, los deepfakes de directivos y la manipulación de instrucciones de pago obligarán a reforzar los controles internos y los mecanismos de validación.

La evolución del talento financiero

La transformación también tendrá consecuencias sobre el empleo. Algunas funciones repetitivas, como las conciliaciones manuales, la elaboración periódica de informes o la clasificación documental, tenderán a automatizarse y perderán peso dentro de los departamentos financieros.

Esto no significa que vaya a desaparecer el profesional financiero, sino que cambiará el perfil que demandarán las empresas. Serán cada vez más necesarios profesionales capaces de combinar conocimientos financieros con competencias tecnológicas, analíticas y de negocio. La diferencia no estará en quién dedica más horas a elaborar un informe, sino en quién sabe interpretar la información, cuestionar las recomendaciones de la IA y convertir los datos en decisiones de valor.

Probablemente veremos departamentos de tesorería más reducidos, pero también más especializados, en los que convivirán expertos en liquidez, analistas de datos y especialistas en riesgos, gobierno de la IA y ciberseguridad.

En mi opinión, el mayor error sería plantear esta evolución como una sustitución entre personas y máquinas. La inteligencia artificial no viene a reemplazar el conocimiento financiero acumulado durante décadas, sino a potenciarlo. Los algoritmos pueden procesar información a una velocidad inalcanzable para cualquier profesional, pero siguen siendo las personas quienes aportan contexto, criterio empresarial, capacidad de negociación y responsabilidad.

El modelo que previsiblemente se impondrá será el de una tesorería autónoma supervisada: sistemas capaces de proponer operaciones, anticipar riesgos de liquidez, detectar fraudes y optimizar previsiones, pero con profesionales que mantengan el control sobre las decisiones.

La verdadera revolución no consiste en disponer de herramientas más inteligentes, sino en construir una nueva función financiera que dedique menos tiempo a ejecutar procesos y mucho más a pensar, decidir y generar valor para el negocio. La cuestión ya no es si las empresas incorporarán inteligencia artificial, sino si la utilizarán únicamente para reducir costes o aprovecharán su potencial para transformar la tesorería en un auténtico centro de inteligencia empresarial.


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