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El valor social del comercio electrónico

El valor social del comercio electrónico

No todas las compras online son iguales

Alejandro Asúnsolo
Director de Desarrollo Estratégico, Marketing Corporativo y 
Transformación Digital de Fundación Juan XXIII

 

Aunque hoy normalizamos las compras online como parte de nuestro día a día, no siempre fue así. Lo cierto es que también resulta curioso pensar que el primer eCommerce de nuestro país se remonta a los años 90, en concreto a 1995, cuando desde Benasque (Huesca) se abría una tienda online dedicada, de forma exclusiva, a la montaña y al alpinismo.

A partir de entonces, los eCommerce en España fueron creciendo y, si nos centramos en los últimos años, es importante detenernos en 2020 y la pandemia del COVID-19, que llevó al comercio electrónico a crecer más de un 16,6% con respecto al año anterior y a superar los 58.000 millones de euros, según estudios del ONTSI (Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad).

En la actualidad, la compra online se ha consolidado como un hábito cotidiano, impulsado por la comodidad y el acceso global. El protagonismo del dispositivo móvil y la revolución de la inteligencia artificial han transformado profundamente el sector, ampliando su alcance y su capacidad de incidencia en la economía y en la sociedad.

Pero… ¿y si, además de todo esto, podemos ir un paso más allá y que el comercio electrónico se convierta en algo más que una mera transacción? Esto es posible gracias a tiendas online que integran el impacto social y el compromiso con la inclusión y una sociedad más justa. Ahora bien, ¿cómo es esto posible y cómo podemos formar parte de ello?

El comercio electrónico con impacto social no es una excepción dentro del mercado digital, sino una expresión madura de él: combina estándares de calidad, precios competitivos y profesionalización con una vocación transformadora que amplía el propio sentido de la actividad empresarial. Apostar por el impacto social no implica renunciar a la excelencia. Al contrario, exige los mismos niveles de calidad, eficiencia y competitividad que cualquier otro operador del mercado.

Este modelo se sustenta en una doble transformación: empresas más comprometidas con el entorno en el que operan y consumidores cada vez más conscientes del valor de sus decisiones de compra. Cuando ambas dimensiones se encuentran, el comercio electrónico deja de ser solo un intercambio comercial y se convierte en un mecanismo de cohesión social.

La inclusión sociolaboral: el verdadero motor del cambio

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), una de las cuestiones que más destaca de las personas con discapacidad es su baja participación en el mercado laboral. Es realmente preocupante que su tasa de empleo sea del 27,8% frente al 68,1% de las personas sin discapacidad. Y es que, a pesar de los avances legislativos y sociales y, aunque cada vez se apuesta más por iniciativas y proyectos que ayudan a las personas con discapacidad a integrarse en la vida social y laboral, es cierto que todavía queda mucho camino por recorrer para hablar de una inclusión real y plena.

Por ello, frente a esta realidad, resulta imprescindible apoyar a entidades que integran la inclusión como eje estructural de su actividad, creando entornos laborales inclusivos y adaptados a todas las personas.

En este aspecto y volviendo un poco al punto de partida, es importante señalar que el comercio electrónico es una gran oportunidad para seguir rompiendo barreras, ya que, gracias a las plataformas digitales, muchas organizaciones con un fin social pueden llegar a un público mucho más amplio y superar las limitaciones físicas con las que se encuentra una tienda tradicional.

Cuando hablamos, además, de eCommerce que se gestionan desde entidades que trabajan por la inclusión sociolaboral de personas en situación de vulnerabilidad psicosocial, como es el caso de Fundación Juan XXIII, hablamos de abrir nuevas oportunidades laborales en distintas áreas y especialidades, convirtiendo este canal de venta en un auténtico motor del cambio.

En conclusión, elegir dónde y cómo compramos también es una forma de participar en el modelo de sociedad que queremos consolidar. El comercio electrónico puede limitarse a facilitar transacciones o puede convertirse en una palanca real de transformación social.


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