Efectos de la IA sobre capacidades mentales
Los efectos de la Inteligencia Artificial sobre la memoria, la atención y el razonamiento cambian con la edad
La inteligencia artificial se ha incorporado a numerosas actividades cotidianas, desde buscar información y redactar textos, hasta resolver problemas o tomar decisiones. Sin embargo, su impacto sobre nuestras capacidades cognitivas puede variar según la edad y la etapa de desarrollo.
Mientras que en niños y adolescentes un uso excesivo puede limitar las oportunidades de ejercitar habilidades como la atención, el razonamiento o el pensamiento crítico, en las personas mayores estas herramientas tecnológicas pueden resultar útiles como apoyo cognitivo. Así lo explica Marta Abanades, profesora titular en Teoría e Historia de la Educación de la Universidad Europea, quien subraya que “los efectos de la inteligencia artificial dependen, en gran medida, del uso que hacemos de ella”.
En este sentido, la experta señala que los riesgos y beneficios pueden manifestarse de manera diferente a lo largo de la vida. En la infancia, “una dependencia excesiva de la IA puede limitar el desarrollo de habilidades básicas relacionadas con el lenguaje, la atención y el razonamiento”, explico. Durante la adolescencia, “puede favorecer una mayor dependencia tecnológica y reducir las oportunidades de desarrollar el pensamiento crítico y la autonomía intelectual”. En los adultos, por su parte, “la automatización excesiva de determinadas tareas profesionales puede restar espacio a la reflexión profunda. En cambio, en las personas mayores, estas herramientas pueden servir de apoyo cognitivo, siempre que no sustituyan por completo la actividad mental cotidiana”, detalla Abanades.
Cuando realizamos una tarea intelectual sin ayuda externa, activamos diferentes procesos cognitivos como la atención sostenida, la memoria a largo plazo, el razonamiento y las funciones ejecutivas. Recuperar conocimientos previos, establecer conexiones entre conceptos y evaluar distintas posibilidades contribuye a fortalecer estas habilidades y favorece un aprendizaje duradero. Sin embargo, “delegar sistemáticamente estas actividades en herramientas de IA puede reducir las oportunidades de ponerlas en práctica”, advierte.
La profesora de la Universidad Europea señala que recurrir de forma constante a estas tecnologías no implica necesariamente perder capacidades intelectuales, pero sí puede dificultar su ejercicio cuando dejamos de utilizarlas habitualmente. “Este fenómeno está relacionado con la denominada descarga cognitiva, que consiste en trasladar determinadas tareas mentales a recursos externos”, asegura. Aunque se trata de una práctica habitual desde hace décadas, como sucede al utilizar una agenda o consultar un mapa, su uso excesivo puede limitar el entrenamiento de la memoria o el razonamiento.
De hecho, uno de los efectos más relevantes es la tendencia a recordar menos información cuando sabemos que podemos recuperarla fácilmente a través de una herramienta externa. No obstante, Abanades recuerda que “la inteligencia artificial también puede contribuir a desarrollar habilidades como el análisis, el contraste de información y la profundización en determinados conocimientos”. La diferencia está en el papel que adopta la persona durante el proceso, “si utiliza la tecnología para complementar su razonamiento o si delega en ella la elaboración de respuestas y conclusiones”, señala la profesora de la Universidad Europea.
El pensamiento crítico y la concentración, entre los principales desafíos
El acceso inmediato a respuestas estructuradas también puede influir en la capacidad de concentración y en la disposición a realizar tareas que requieren un esfuerzo mental prolongado. Según explica la profesora, “este fenómeno no depende únicamente de la inteligencia artificial, sino también del entorno digital en el que se utiliza”. “La obtención rápida de respuestas puede disminuir la tolerancia a procesos cognitivos más lentos y complejos, reduciendo la disposición a mantener esfuerzos prolongados de concentración”, señala Abanades.
Otro de los riesgos está relacionado con la confianza que depositamos en la información generada por estas herramientas. La presentación de respuestas aparentemente completas y bien redactadas puede llevar a aceptarlas sin comprobar su veracidad. “Una de las mayores preocupaciones es la credibilidad de las respuestas bien redactadas, es decir, llegamos a aceptar información sin contrastarla”, advierte la experta.
Cómo aprovechar la IA sin dejar de ejercitar nuestras capacidades
Para evitar una dependencia excesiva, la experta de la Universidad Europea recomienda mantener actividades que exijan un esfuerzo intelectual propio como “leer textos largos, escribir de forma reflexiva, resolver problemas, memorizar información relevante o participar en debates. Estas prácticas permiten seguir ejercitando la memoria, la atención y la capacidad de razonamiento”.
En el ámbito del aprendizaje, la clave está en utilizar la inteligencia artificial como una herramienta que acompañe el proceso y no como un sustituto del esfuerzo personal. “Podemos pedirle ejemplos, alternativas o retroalimentación, en vez de solicitarle respuestas enteras”, explica Abanades, quien también propone “recurrir a pistas o contraargumentos que ayuden a construir el conocimiento de manera autónoma”.
Asimismo, consultar constantemente la IA para resolver cuestiones que antes podían abordarse sin dificultad, evitar el esfuerzo de reflexión o sentir inseguridad al tomar decisiones sin estas herramientas pueden ser señales de una dependencia excesiva. Para prevenirla, la experta recomienda “pensar antes de consultar, contrastar las fuentes y reservar espacios para la lectura, la escritura y la reflexión sin apoyos tecnológicos”.
En definitiva, el impacto de la inteligencia artificial sobre nuestras capacidades cognitivas no depende exclusivamente de la tecnología, sino de la forma en que la incorporamos a nuestra vida cotidiana. “El mito es pensar que la IA nos hará menos inteligentes”, concluye Abanades.