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El modelo tecnológico de la identidad digital

El modelo tecnológico de la identidad digital

Cinco claves para que Europa construya un modelo tecnológico propio a partir de la identidad digital

Análisis de Gonzalo Alonso, CEO de Ditto y ex director de Google en LATAM, sobre la regulación de la economía digital y la soberanía tecnológica europea.

 

Europa ha demostrado que puede poner reglas a la economía digital. El Reglamento General de Protección de Datos transformó la gestión de la privacidad, y el Reglamento de Inteligencia Artificial ha situado a la Unión Europea a la vanguardia de la regulación tecnológica. Además, la reciente aprobación del marco de la Cartera Europea de Identidad Digital, junto con el despliegue del DNI digital en España, refleja una apuesta decidida por impulsar una economía digital más segura y confiable.

Sin embargo, existe un riesgo: que Europa defina las normas de la economía digital sin desarrollar las infraestructuras sobre las que esa economía debe funcionar.

Gonzalo Alonso, CEO de Ditto y ex director de Google en LATAM, analiza por qué la identidad digital representa una oportunidad única para que Europa transforme su liderazgo regulatorio en liderazgo tecnológico y señala las cinco claves para conseguirlo.

1. Pasar de regular a construir

Europa ha demostrado que sabe legislar, pero el siguiente paso debe ser construir.

La regulación es imprescindible para proteger derechos y generar confianza, pero por sí sola no crea capacidades tecnológicas, no reduce dependencias ni mejora la competitividad. Para que sus principios tengan un impacto real, deben traducirse en estándares comunes, infraestructuras compartidas y tecnologías capaces de operar a escala europea.

La identidad digital representa una de las primeras grandes oportunidades para demostrar que este salto es posible. El despliegue del DNI digital en España y de la cartera europea puede parecer una simple evolución administrativa, pero en realidad sienta las bases para una infraestructura común que facilite la relación entre ciudadanos, empresas y administraciones en toda la Unión Europea.

2. Apostar por un modelo europeo propio

La identidad digital ofrece a Europa la posibilidad de construir una alternativa propia en un momento en el que las grandes infraestructuras digitales están cada vez más concentradas. Mientras Estados Unidos ha construido su economía digital alrededor de plataformas privadas y China ha desarrollado un modelo con un fuerte protagonismo del Estado, Europa tiene la oportunidad de recorrer un camino diferente: puede diferenciarse mediante un modelo basado en la interoperabilidad, la privacidad y el control ciudadano.

No se trata de crear una identidad única que concentre toda la información, sino un marco común que permita utilizar credenciales verificadas entre países y servicios de forma segura y bajo el control de cada usuario. Si consigue desarrollar esta infraestructura, Europa no sólo exportará regulación, sino también un modelo tecnológico propio.

3. Convertir la privacidad en una ventaja tecnológica

Durante años, la privacidad se ha entendido principalmente como una obligación regulatoria. Sin embargo, también puede convertirse en una ventaja tecnológica.

La identidad digital permite avanzar hacia un modelo en el que las personas compartan únicamente la información imprescindible para cada interacción. Para demostrar que alguien es mayor de edad, por ejemplo, no debería ser necesario revelar su fecha de nacimiento, nombre o fotografía; bastaría con acreditar que cumple ese requisito.

Este cambio de paradigma reduce la cantidad de información que circula y se almacena, disminuye la superficie de exposición ante fraudes o filtraciones y ofrece una experiencia mucho más sencilla para el usuario.

La oportunidad europea no consiste únicamente en digitalizar documentos, sino en construir una infraestructura de confianza basada en el principio de compartir menos información para verificar más datos.

4. Construir una infraestructura interoperable y escalable

El despliegue de la cartera europea será solo el primer paso. El verdadero reto será desarrollar una infraestructura capaz de funcionar entre países, sectores y sistemas diferentes. Durante años convivirán las nuevas credenciales digitales con los procesos actuales, por lo que no se tratará de sustituir toda la infraestructura existente, sino de hacer que ambos modelos funcionen de forma integrada.

Para conseguirlo serán necesarios estándares abiertos, tecnologías interoperables y empresas capaces de convertir el marco regulatorio en soluciones reales. Solo así la identidad digital podrá desplegarse a escala europea y convertirse en una infraestructura común sobre la que desarrollar nuevos servicios digitales.

5. El éxito dependerá de la utilidad, no de la regulación

Disponer de una infraestructura común no será suficiente. La identidad digital solo alcanzará una adopción masiva si ciudadanos, empresas y administraciones perciben que les resuelve problemas reales: reducir tiempos, eliminar trámites innecesarios, facilitar el acceso a servicios y ayudar a combatir el fraude.

Europa debe evitar trasladar la burocracia actual a una interfaz digital. Digitalizar un proceso sin transformar su lógica no es innovación.

El éxito no se medirá por el número de carteras descargadas, sino por su capacidad para reducir la fricción, mejorar la seguridad y devolver a los ciudadanos un mayor control sobre su información. Si la Unión Europea consigue convertir sus principios en tecnología útil y escalable, la regulación dejará de ser únicamente un marco de protección para convertirse también en una fuente de innovación, competitividad y liderazgo tecnológico.


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