La tasa de adopción de la IA es una cuarta parte menor en las mujeres que en los hombres
Se está observando una brecha de género en la utilización de las herramientas de inteligencia artificial.
La inteligencia artificial (IA) está transformando el entorno laboral, influyendo en la forma en que se toman las decisiones y acelerando el paso de la idea a la ejecución. Pero a medida que se acelera la adopción y democratización de las herramientas de IA, está surgiendo una tendencia que merece mucha más atención: las mujeres utilizan estas herramientas en una proporción significativamente menor que los hombres.
Un importante análisis de 18 estudios globales reveló que las mujeres en todo el mundo están adoptando la IA generativa en tasas aproximadamente un 25 % inferiores a las de los hombres, incluso cuando tienen el mismo acceso. La pregunta es: ¿por qué?
Las mujeres temen los riesgos de utilizar la IA en el trabajo
Los datos revelan que la diferencia no radica en la capacidad técnica. Cuando se les preguntó por las razones de esa reticencia, muchas mujeres señalaron la preocupación por cómo podría percibirse el uso de la IA: si recurrir a contenido generado por estas herramientas podría parecer poco profesional o si sus compañeros pensarían que estaban “tomando atajos”.
“Esto refleja experiencias que muchas de nosotras podemos reconocer: la presión de estar siempre completamente preparadas, de revisar el trabajo una y otra vez y de evitar errores que puedan reforzar prejuicios”, asegura Radhika Kapur, Vicepresidenta de Área del Grupo de Partners y Tecnología en la región EMEA de Confluent. Adoptar pronto herramientas aún poco consolidadas puede sentirse como un riesgo, o incluso como un lujo reservado para quienes son juzgados con menor severidad en el entorno laboral o no cargan con la misma presión del síndrome del impostor.
“Por otro lado, me resulta inspirador ver cómo las generaciones mayores están adoptando con entusiasmo lo intuitiva que puede ser la IA, casi como un niño que aprende a usar un iPhone con total naturalidad. Mi madre —abogada especializada en divorcios con décadas de experiencia— valora enormemente el aumento de productividad que consigue al utilizar la IA para preparar borradores y realizar investigaciones preliminares. Ha probado prácticamente todos los modelos disponibles y tiene muy claro cuál se ajusta mejor a sus necesidades. Eso sí, a veces bromea preguntándose si ChatGPT no será mejor abogada que ella”, añade Kapur.
Una desigualdad emergente que se agrava con el tiempo
La IA ya está demostrando beneficios tangibles en términos de productividad. Si las mujeres adoptan estas herramientas más tarde o con menor frecuencia, se produce un efecto acumulativo: menor volumen de trabajo, menos tiempo para tareas estratégicas y menos oportunidades de visibilidad.
Esta brecha también tiene implicaciones para la propia tecnología. Los modelos de lenguaje de gran tamaño aprenden a partir de las interacciones de los usuarios. Si la mayoría de esas interacciones provienen de hombres, es probable que los sistemas acaben reflejando datos y supuestos dominados por perspectivas masculinas. Ya se ha observado cómo ocurre algo similar en otros sistemas algorítmicos —desde los procesos de contratación hasta la concesión de crédito—, y sería ingenuo pensar que la IA estará al margen de este fenómeno.
Cómo la IA podría fortalecer el liderazgo femenino
Existe la idea equivocada de que la IA es más útil para trabajos altamente técnicos. Sin embargo, su impacto más inmediato se da en la carga administrativa y mental que está presente en todas las profesiones, ámbitos en los que las investigaciones muestran que las mujeres suelen asumir una carga desproporcionada.
Por ejemplo, distintos estudios han puesto en relieve el llamado “trabajo doméstico organizativo” que muchas mujeres suelen asumir con frecuencia, como coordinar equipos, facilitar la comunicación o mantener el conocimiento institucional. Precisamente ahí es donde la IA puede marcar la diferencia. Puede resumir reuniones, analizar documentos complejos, redactar comunicaciones, detectar el clima del equipo y sintetizar información que, de otro modo, llevaría horas procesar.
Cuando esa carga se reduce, las mujeres disponen de más tiempo para dedicarse a las tareas que realmente impulsan sus carreras, como la toma de decisiones, la resolución de problemas, el pensamiento estratégico y el liderazgo.
La cultura importa más que la capacidad
Uno de los hallazgos más reveladores del análisis antes mencionado es que la brecha de género se reduce de forma drástica en las organizaciones donde los líderes fomentan explícitamente la experimentación y normalizan el uso imperfecto de estas herramientas.
Resulta que las personas no adoptan la IA simplemente porque hayan recibido formación. La adoptan porque se sienten seguras para probarla. Para generar esa seguridad, las organizaciones pueden tomar medidas prácticas como incorporar el uso de la IA en los procesos de incorporación, crear grupos de compañeros donde los empleados experimenten juntos y hacer que los líderes den ejemplo mostrando su propio uso - aunque sea imperfecto- de la estas herramientas.
Los líderes eficaces establecen los límites y directrices para el uso y la adopción de la IA, definiendo aspectos como la gobernanza, la experimentación y las buenas prácticas. También comparten su experiencia sobre lo que ha funcionado y lo que no, así como su propio proceso de prueba y aprendizaje con esta tecnología.
Aún estamos a tiempo de impulsar un cambio
Hace poco, Women in Data llevó a cabo un experimento sencillo pero muy interesante. Pidieron a ChatGPT, mediante prompts en inglés, que “generara una imagen de un científico/a de datos” (en inglés, data scientist es sustantivo neutro). Las 100 imágenes obtenidas mostraban rasgos estereotípicamente masculinos. Lo mismo ocurrió en los 100 casos al solicitar “ingeniero/a de datos” (en inglés, data engineer es sustantivo neutro), y en 93 de 100 cuando la petición fue “analista de datos”.
“La buena noticia es que las normas sobre el uso de la IA aún se están definiendo. Creo que estamos en un momento clave, con una oportunidad real de corregir el rumbo y orientar la narrativa hacia la inclusión, en lugar de perpetuar la exclusión”, concluye Kapur.
Pero esa ventana de oportunidad no permanecerá abierta para siempre. Cuando las expectativas sobre las mejoras de productividad y las competencias en IA se consoliden dentro de las organizaciones, ponerse al día será más difícil y la brecha de género, más compleja de cerrar.
Las mujeres no deberían tener que afrontar este momento solas, y las organizaciones tienen la responsabilidad de asegurarse de que la adopción de la IA no agrave las desigualdades existentes. Al mismo tiempo, las personas merecen contar con la confianza y el respaldo necesarios para explorar, adaptarse y decidir cómo integrar la IA en su trabajo.
La IA será uno de los rasgos definitorios de la próxima década en el ámbito profesional. Que se convierta en una fuerza de progreso o en una nueva fuente de desigualdad dependerá de las decisiones que se tomen hoy.