Espejo negro T4 E5, Metalhead

Cuidado con el perro

Si la gracia de escribir artículos sobre los episodios de Black Mirror en este blog consiste en que nos sirva de excusa para hablar de tecnología, entonces esta va a ser una de las reseñas de Espejo Negro con menos gracia de nuestra corta historia. No porque la tecnología mostrada en Metalhead no sea interesante, sino porque la historia en este caso aporta muy poco que reflexionar acerca de dicha tecnología, salvo que se lo curre o invente el propio espectador.

En esta ocasión, la cosa va de robótica y geolocalización al servicio de la muy trillada dominación de las máquinas sobre la humanidad en un mundo post - apocalíptico. La única novedad o aportación está en que en este caso los malignos robots están inspirados en lo que, en la fecha de estreno del episodio hace algo más de tres años, empezaba a llamar la atención a través de los medios: Los perretes autómatas de Boston Dynamics. A partir de ahí, el capítulo es básicamente una persecución. No hay mayor profundidad. El espectador puede, si le apetece, preguntarse cómo se ha llegado a eso, quién diseñó los animaluchos del demonio, etc. Pero para sacar más chicha, mejor será que vea montones de películas de ciencia ficción anteriores. Hasta aquí la parte de la entrada que va sobre tecnología, porque de donde no hay no se puede sacar más.

No me voy a andar con rodeos: este es claramente el episodio de Black Mirror que menos me ha gustado hasta el momento, el que mayor grado de indiferencia me ha provocado. Pero, como suele pasar en estos casos, acabaré antes si empiezo por lo que sí me ha parecido salvable: La fotografía en blanco y negro es buena. Los efectos especiales molan. La narrativa es aceptable; no sirve para contar prácticamente nada más allá de lo que se ve, pero al menos tiene sentido del ritmo. Y la actriz Maxine Peake hace un buen trabajo en el papel protagónico; no es que me mole tirarme el rollo usando la palabra “protagónico” en vez “protagonista” (que también), sino que me refiero a que es un papel protagonista y agónico (lo cual también es lamentable por mi parte como chiste malo, no tanto como curioso juego de palabras…)

Ahora viene lo de valorar el episodio como lo que realmente es, y no como lo que creemos sus haters que debería haber sido (mira que somos cuñaos). De acuerdo, aceptemos aquello de que menos es más, y que por lo tanto esta es una trama de acción pura y dura (y muy dura), y en su sencillez está su esencia, y bla bla bla. Vale, entonces tenemos una historia que debería haberme producido tensión y angustia como la que sufre la protagonista Bella (y recalco que bien interpretada) o como la que intenta enfatizar una banda sonora que por momentos quiere parecerse al mejor Bernard Hermann cuando quería enfatizar el suspense de Hitchcock. Bueno, pues lo siento; me quedo como estaba: impasible. Será tal vez por que también en ese sentido es una acción demasiado al uso, mil veces vista antes, con lugares comunes excesivamente visitados, convertidos en clichés, como persecuciones (en vehículos y a pie), llaves que cuesta alcanzar, coches que no arrancan cuando vienen a por ti, etc. También puede ser por lo que he dicho antes: los efectos visuales me llaman la atención en el sentido de "mira qué curioso lo que hace el engendro mecánico este", pero no en el sentido de asustarme. Vamos, que el "malo" de la historia carece para mí del caracter amenazante que debería esperarse de su rol, pese a lo que es capaz de hacer (y hace). Vamos, que lo que va pasando me da un poco igual. Un poco, pobrecilla la chica.

Cierto es que en Cocodrilo justifiqué la falta de originalidad de la tecnología mostrada (aparente copia del episodio Toda tu historia), pero precisamente lo hice diciendo que cuando una misma (o, seamos justos, muy similar) idea aporta una visión totalmente nueva no me parece problemático. Metalhead no sólo no aporta nada nuevo como acción de “bestia contra humano” sino que, al contrario, es bastante peor que Predator e infinitamente peor Alien, ni tampoco como distopía de “robot contra humano”, y aquí ya la comparación con Terminator me parece irrisoria (esos tres malos sí daban miedo, por cierto): Esta última es la película (o saga) que hay que ver para que podamos escribir una entrada que sí tenga verdadera enjundia tecnológica acerca del mismo tema que trata Cabeza de metal. Y además, la de James Cameron está a años luz simplemente como película de acción, lo cual demuestra que lo del “menos es más” es una chorrada como un templo si ese menos es demasiado menos. Y repito (o aclaro): El problema no es que recuerde demasiado a esas películas, es problema es que, evocándolas, parece que Metalhead fuese en realidad una “predecesora”, una “prueba” o “prototipo”, una serie B a la que todavía le falta muchísimo trabajo para llegar a su nivel, de calidad y sobre todo de argumento. Pero, con la excusa de tener que rodar algo para Black Mirror, alguien pensó que lo de los chuchos de Boston Dynamics ya era suficientemente resultón, o que la tecnología imaginable en un 2017 ya muy digital iba a impresionar más que aquellos mitos de los 80 o los 90. Pues no, no basta con eso. Es que hasta el debut de Spielberg a principios de los años 70, El Diablo sobre ruedas, me sigue espeluznando más como ejemplo de un tipo más o menos similar de película de acción y suspense.

Hasta ahora, el episodio que menos me había gustado de Black Mirror era Oso blanco, otra trama de acción que igualmente me dejó frío en su supuesta angustia, pero que al menos se salvaba (apenas para merecerme un aprobado raspado) gracias a su giro de guion final. En Metalhead no tiene ni eso para resarcirse, por mucho osito de peluche que se vea en el plano final. Por el contrario, y tal y como demuestra dicho plano, es un episodio estéticamente mucho mejor conseguido. Pero claro, que algo quede “bonito” visualmente para mi es poco argumento si no hay más. Hay otros episodios, como el antes mencionado Cocodrilo, que también tienen buena fotografía, y si lees nuestra reseña verás que ni la menciono: Porque el interés está en su historia, que es lo más importante. A ver si te crees que porque a Santiago Segura se le ocurriera rodar la próxima de Torrente en blanco y negro nos iba a parecer tan buena como La lista de Schlinder, no te digo…

 

Nota del Pulpo: 4,5 / 10