Aprovechando que esta mañana el mundo se ha despertado un poco más tranquilo (ya veremos lo que dura…), nuestro querido Pulpo quiere sumarse al optimismo (iluso o no) con otro tema que no tiene mucho que ver y que se ha producido en las últimas semanas: El Fallo judicial que condena a ciertas redes sociales por inducir a la adicción.
Ya sabéis que nuestra mascota, haciendo honor a su idiosincrasia tecnófoba, se ha expresado en este blog en contra del efecto adictivo de las apps y plataformas de RRSS, y además lo ha hecho en muy diferentes etapas de este espacio online, incluso desde los primeros tiempos en que el entusiasmo de los tecnófilos pretendía hacer pasar por ridículas las quejas acerca de ese problema. No creáis que el molusco se ha cansado de ello, no: Ha sido todo lo activista que ha podido con el tema.
Por lo tanto, en una actitud que a él no le gustaría que sonase al cuñadil “ya os lo dije yo”, sino en un aviso a navegantes para no bajar la guardia (porque lo normal es que ciertos gigantes tecnológicos sigan buscando la manera de sacar la misma tajada de siempre), ahora el Pulpo está enormemente satisfecho de esta colleja que le han dado a Mark Zuckerberg (por quien es conocido que no profesa precisamente simpatía). No por la multa en sí (que para el ínclito programador informático es calderilla, al fin y al cabo), sino por el precedente que supone: Es la primera vez que la justicia confirma sin ambages que las redes sociales señaladas (Facebook, Instagram y Whatsapp, propiedad de Meta, además de YouTube), provocan adicción de una forma intencionada y programada, tal y como ya nos dijeron el documental El dilema de las redes, del que también hablamos por aquí en su día (así lo recnocían y explicaban extrabajadores de empresas tecnológicas varias).
Como ya hemos mencionado en más de una ocasión, este es un tema muy grave: Decisiones conscientes de directivos de compañías tecnológicas iban dirigidas a provocar una adicción asimilable a la de sustancias como el tabaco, para que la gente pasara el mayor tiempo posible usando el smartphone. Consecuencias: Millones de personas se reconocen adictas al móvil. Si a ello le sumamos el odio, el acoso online y fenómenos relacionados, tenemos que referirnos a serios problemas de salud mental en la sociedad relacionados con ello, especialmente entre adolescentes (ansiedad, depresión, tendencias suicidas, etc.).
Por lo tanto, a partir de ahora este tipo de plataformas tendrán que andarse con ojo. Pero claro, uno se pregunta: Si siempre nos han dicho que cuando una app es gratis es porque el producto eres tú y el precio son tus datos, a menos adicción menos beneficio para las compañías… ¿cómo dejarán a la gente seguir utilizando esas aplicaciones de las que ya no puede desprenderse? ¿Pasarán a ser de pago? ¿Las inundarán de publicidad? ¿Se quejará la gente más de esas nuevas opciones que de la adicción en sí…? Y lo que es más triste, mucho me temo que la respuesta a esa última pregunta será que sí.
Pero bueno, de momento dejemos que el Pulpo disfrute de esa victoria de la que se siente tan partícipe moral. Han sido tantos años de soportar turras de techies entusiastas que negaban los males de la tecnología, que eso era culpa de gente que no sabe controlarse, que quejarse de estas cosas es de conspiranoicos que van contra el progreso… Pues a ellos les dice ahora nuestro octópodo lo mismo que a Zuckergberg: ¡Volved a por otra!