Ya que nos hemos metido, con todo el morro, en el intrusista papel de los críticos cinematográficos profesionales, habrá tomarse en serio eso que el periodismo denomina actualidad, y aprovechar las ocasiones en las que las pantallas de cine nos ofrezcan estrenos de películas relacionadas con las tecnologías informáticas.
Precisamente por eso, nos hemos ido a cine a ver la recientemente incorporada a la cartelera La ResidencIA, película francesa que trata sobre una vertiente de la inteligencia artificial que aún no habíamos tocado en esta sección del blog: La del uso de esta tecnología para la creación artística. Un tema que sin duda supone actualmente una preocupación para todo tipo de disciplinas creativas, entre ellas el propio cine, y es por ello que entendemos la intención de, como mínimo, advertencia por parte de los creadores del film.
La película nos muestra cómo una serie de artistas de diferentes ámbitos conviven en una residencia en la que cuentan con asistentes virtuales de IA que les apoyan en cualquier tipo de tarea, pudiendo incluir, en mayor o en menor medida, la realización de sus propias obras. En concreto, la protagonista trata de sacar adelante la escritura de su nuevo libro, y a medida que avanza la acción pasa por diferentes fases de relación colaborativa con su asistente virtual en dicho proyecto.
Pero claro, aquí viene la gran pregunta: ¿Qué separa una simple ayuda externa de una verdadera delegación a la IA de la creación artística? ¿En qué momento se cruza la línea? ¿En qué momento la IA sustituye al artista? El apoyo de la herramienta algorítmica se envenena al estilo de la leyenda del pacto de Paganini con el diablo para tocar el violín como nadie (y perdón por este nuevo ejemplo tecnófobo de mostrar las tecnologías como cacharros del demonio).
La ResidencIA acaba combinando esta preocupación que está en el debate social actual con el género del thriller psicológico, ligeramente tendente al suspense, y quizá por eso no acaba de calar como reflexión sosegada. Pero al menos te la puedes tomar más en serio que las varias películas sobre robots domésticos que, tendentes al terror (Robot doméstico y Alice) o no (Robot de compañía), provocan más sonrojo que otra cosa con sus clichés mal aprovechados. Todo ello demuestra, además, que parece que la IA que más nos convence en el cine no es la de droides o humanoides (excepción hecha de la estimable Ex-machina o la magistral A.I. de Spielberg), sino la que más se parece a la actual IA de la vida real, en “forma” de softwares, apps y asistentes de voz, como vimos con la genial Her.
Otra cosa que me está empezando a ocurrir con este tipo de películas es que ya no sé si se pueden considera ciencia ficción o no. El avance de la inteligencia artificial en el mundo real es tal que, como reza la frase – cliché, ya supera a la ficción. Lo que le ocurrió a la serie de Black Mirror (que por cierto también tiene sus episodios sobre IA) según avanzaban los años ya le pasa de manera anticipada a las obras actuales, ya sea intencionado o no. La ResidencIA habría sido una trama más o menos sorprendente hace apenas 5 ó 10 años, y ahora que no nos puede sorprender tanto sin embargo su mensaje es mayor motivo para la preocupación y la reflexión. Lástima que no lo logre con la suficiente intensidad, aunque sea razonablemente entretenida.
Nota del Pulpo: 6 / 10