El cinéfilo tecnológico, ciclo Inteligencia Artificial: The Creator

¿La realidad superará pronto a la (ciencia) ficción...?

¡Pero qué bien que lo hemos hecho, amigos! Y no ha sido aposta, de verdad, que yo estoy muy despistado con lo de la llegada de los estrenos de cine, en serio. Resulta que la última reseña cinematográfica que hicimos sobre el tema de la inteligencia artificial es, tal vez, la más antigua de las películas con robot humanoide, Metropolis, y ahora hemos tenido la oportunidad de traer a esta sección la más reciente producción con ese mismo elemento, en los cines desde hace apenas poco más de una semana.

Nada menos que 96 años separan ambas películas: ¡Casi un siglo de la historia de la robótica en el cine! Y no deja de ser curioso que, precisamente, The Creator comience con una pequeña narrativa o síntesis de la historia del uso de los robots por la humanidad, no exactamente realista o fidedigna con nuestra historia real, pero sí muy deudora de la iconografía que muchas fuentes, entre otras el cine, han difundido desde aquel 1927 del film de Fritz Lang hasta esta nueva obra de Gareth Edwards (Roge One).

Lo siguiente que podría haber sido relevante (y en parte lo es) de The Creator es que se trata de la primera película (o casi, si me corrige alguien) sobre inteligencia artificial que se estrena desde que surgió el actual apogeo del uso de programas de IA generativa, como Chat GPT, y que ha elevado el debate sobre la IA en “terreno usuario” a un nivel nunca antes conocido. Por lo tanto, ya podemos preguntarnos si las películas empiezan a hablarnos sobre lo que está empezando a ocurrirnos; ya no resulta algo tan “futurista” como cuando veíamos a HAL 9000 en 2001, una odisea del espacio, hace 55 años. Sin embargo, hay que decir que la inteligencia artificial de The Creator, ni está muy estrechamente relacionada con la IA generativa, ni tampoco va muchísimo más allá de lo que ya viéramos en películas anteriores (al margen de sus poderes más propios de superhéroes).

En este trabajo de Gareth Edwars volvemos a presenciar un nuevo ejemplo de guerra contra las máquinas en un futuro distópico, como ya se planteó por ejemplo en Terminator. Sin embargo, y sin dejar de lado que ya en la segunda película de James Cameron en esa saga se plasmaba que los robots podían ser “buenos o malos”, en The Creator se indaga más en la ética relativa a la Inteligencia artificial, planteando cuestiones más emocionales (como hizo Spielberg en IA) o incluso filosóficas (pero sin llegar a la profundidad de Blade Runner de Ridley Scott). Edwards indaga ahora en la corriente actual de desconfianza hacia la IA, o en el temor de que se vuelva contra nosotros, contraponiendo a eso la posibilidad de que los robots puedan llegar a ser en realidad más humanos que nosotros mismos, verdaderos culpables de una futurible crisis.

La imagen maligna del robot representada por la primigenia Metropolis ya fue discutida por la crueldad de los humanos contra los androides en IA de Spielberg y aún en Blade Runner, así que el giro de argumento de The Creator es interesante pero no inédito – en cualquier caso funciona bien- . Por otro lado, como representante del momento actual sigue faltando un film (o un capítulo de Black Mirror) que, en esa misma idea de la ética de la IA, aborde el presente y el futuro de los softwares de IA generativa que están al alcance de cualquiera a través de internet. Es un tema que podría dar para mucho, habida cuenta de que esta tecnología ya está aportando beneficios como en la medicina (detección precoz y diagnóstico de enfermedades), y al mismo tiempo generando ejemplos tan poco edificantes como el caso de las fotos manipuladas de niñas con uno de esos programas. En el fondo de la cuestión está el no olvidar que el responsable principal de cómo funcione y cómo se use la IA es el propio ser humano, no la IA en sí (que al fin y al cabo es su creación y herramienta).

Otro contenido tecnológico que ofrece la película es el de la idea, ya vista en otras ficciones, de trasladar digitalmente, en este caso mediante un dispositivo parecido a los puertos USB, la consciencia de un humano o de un robot a otro robot, que en el segundo caso me parece obviamente factible, pero en el primero siempre me provoca la sensación de fantasía poco creíble (como si nuestro cerebro se pudiera “computerizar” con solo instalarle una conexión informática, como si lo de “ahí dentro” ya fueran cables y microprocesadores en vez de neuronas y sinapsis, y nuestra consciencia estuviera en bits digitales, no sé…). Pero, en fin, licencias de la ciencia ficción, ya se sabe. En cualquier caso, lo más reciente que habíamos visto de esto era en el episodio Beyond the sea de la última temporada de Black Mirror, aunque su filosofía no está muy alejada de la -en este caso explicada “bilógicamente” Avatar.

No vamos a desgranar nada más de la historia (no hay spoilers aquí), y como ya hemos tocado el intríngulis tecnológico de la peli, que es de lo que nos ocupamos en este blog, solo queda el veredicto. La película se agradece por salirse del estilo del súper trillado y repetitivo cine espectáculo actual, y volver a tocar la ciencia ficción con seriedad. Tiene un sentido de la acción que, sin dejar de ser trepidante, tira claramente al realismo. Los aspectos visuales son muy notables, con unos estupendos efectos especiales creíbles y palpables (sin sensación de videojuego), y con algunas escenas de buen cine cuyas imágenes, imbuidas de lírica y poesía, funcionan genial, como la presentación de la niña robot. La historia es interesante, efectiva en mantener la atención del espectador y con algún detalle brillante, pero no acaba de funcionarme en todos los elementos, que no acaba de parecerme que conecten todos de manera precisa. Por ejemplo, la épica final no me transmite una emoción a la altura de la grandiosidad de lo que estoy viendo. Es como que The Creator tiene todos los ingredientes para haber sido casi una obra maestra, pero se ha dejado por el camino los remaches de la narrativa ideal. En cualquier caso, es una buena película de ciencia ficción sobre IA.

 

Nota del Pulpo: 7 / 10