Hoy toca una entrada de queja y desahogo, que para eso sirven también los blogs. Retomo un tema que ya traté alguna vez, sobre los curiosos casos que se producen con la maravillosa publicidad digital de los admirables servicios de streaming que con tanto cariño tratan a sus usuarios…
Creo que voy a ser conciso. No es que quiera holgazanear en la escritura de este post, pero es que si me explayo demasiado va a perder intensidad en lo que a mi cabreo se refiere. La cosa es la siguiente: Dejo en “pause” el segundo cero del episodio de la serie que voy a ver, mientras voy a terminar de preparar la comida que pretendo degustar durante su visionado. Apenas pasan un par de minutos. Ya estoy con el plato calentito en la mesa, me siento, doy al play, y resulta que me vuelve a saltar exactamente la misma tanda de anuncios que ya se había reproducido al principio del vídeo… ¿Pero esto qué es?
Ya sé que hay gente que le gusta ver anuncios; hay quien juega a ver quién dice más rápido el producto que se vende en cada uno de ellos. Me parece muy respetable, pero no pertenezco a ese grupo. Yo formo parte de esa gente loquísima que creemos que cualquier segundo de publicidad, especialmente sobre productos o servicios que personalmente nos la traen al pairo, es una pérdida de tiempo. Por no hablar de la vergüenza ajena, intencionada o no, que me causan muchos de esos spots. Resulta que he pagado un servicio de streaming que aun así me casca publicidad, y no contentos con ello me los repiten si tardo más de dos minutos en volver a dar al play al principio del vídeo tras haberlo dejado en pausa. Que ya, que será un error, todo lo que quieras, pero me cabrea con ganas.
En fin, problemitas del primer mundo, pensaréis, y con razón. Y vaya temática estelar para tratar en el blog, ¿verdad? Pero es que ahora mismo tampoco se me ocurría mucho más, con este calor. Porque lo de hablar precisamente de los peligros del calor es algo que en esta época ya está muy visto, poco tiene que ver con la tecnología (aunque el verano y sus riesgos tienen derivadas informáticas que por cierto sí hemos tratado), y porque además ya nos ha dado el presidente los consejos al respecto - supongo para ver si así nos distraía respecto de algunas cosillas de nada que le han surgido últimamente… -.
En cualquier caso, y ya para ir cerrando, poco se puede esperar de las plataformas de streaming si tenemos en cuenta que, según leí, ya se dieron cuenta de que viven mejor de la publicidad que de los contratos premium, y si los ponen tan caros no es para ganar más dinero con ellos, sino precisamente para que no los suscribamos y así nos traguemos más publicidad.
Ah, y sobre los anuncios online que saltan en las Smart TV cuando estás viendo un programa emitido en directo en un canal de toda la vida, y que te cortan dicha emisión sin que obviamente esta se pause, y por lo tanto te pierdes esos segundos o más, mejor no hablo, porque ya me parece el colmo del recochineo al más que probable cabreo del pardillo espectador… Eso es lo que le ocurriría a un aficionado del Atleti en el momento en el que el árbitro pitara el final de la final de la Champions que por fin ganase (en el muy improbable caso de que tal cosa ocurriese alguna vez…)