Espejo Negro, T2: Blanca Navidad

Más bien negra, pero bueno…

Los que hayan visto el título de esta nueva entrada de este blog se dividirán entre los que piensen que hemos dado en el clavo teniendo en cuenta las fechas, los que crean que nos sumamos en plan oportunista a la turra que se da en todos los sitios con la cansina tradición anual, y los que realmente nos conocen, que se estarán preguntando qué le habrá pasado esta vez a ese Grinch que es habitualmente el Pulpo

Bueno, pues lo cierto es que esto se debe en buena medida a la casualidad. Yo nunca antes había visto la serie Black Mirror, salvo algún capítulo suelto de la tercera temporada, y cuando hace tres meses me propuse hacerlo para analizar aquí sus episodios, no podía saber que el orden cronológico y la frecuencia de post llevaría a hacer coincidir el Especial de Navidad de la segunda temporada con estas fechas. Otra cosa es que desde hace unas semanas lo viera venir y empezara a plantearme las disyuntivas acerca de las tres opiniones expresadas en el párrafo anterior…

¿Y por qué al final me he decidido a tirar p` adelante como los de Alicante? Pues principalmente por aquello que seguramente piensan los de un cuarto grupo de opinión, que son los seguidores de la serie, que saben bien que este capítulo, de navideño, tiene más bien poco. O si acaso, poco de blanco y sí más bien de negro… ¿Por qué no aprovecharían ambos conceptos, junto al título de la serie, para llamarlo “Negra Navidad”, digo yo…?

Todavía habrá alguno que piense, ¿cómo podía saber yo que el episodio iba a ser tan poco navideño -que no anti-navideño, ojo-? Pues hombre, vamos a ver, que estamos hablando de Black Mirror, por favor, no seamos ingenuos. Quien quiera ver cosas empalagosas que vea especiales de Navidad de los Teletubbies o los Mundos de Yupi… ¡Buf!, no sé si existirán, pero sólo de pensarlo me está entrando mucha necesidad de chutarme insulina en vena…

La verdad es que me venía muy bien, este año sí, y sin que sirva de precedente, sumarme a la tradición Grinch, mientras media España solloza por ese drama tan terrible de no poder acudir esta vez a esas interminables, aburridas y apestosamente postureras celebraciones pasaditas de azúcar y alcohol, en las que, como en las bodas, todo el mundo se pone sus mejores galas para acabar haciendo sus mayores ridículos… Pero luego he visto el capítulo, y ni defiende la Navidad, ni la critica, ni apenas la menciona más que un par de veces… Creo que el episodio sería prácticamente el mismo sin esa referencia concreta. En fin.

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Entrando en materia, debo decir que, a pesar (otra vez) de las muy buenas críticas que tuvo, a mí tampoco es que White Christmas me haya maravillado (otra vez), pero me parece que está bien, y sobre todo me dejó bastante buen sabor de boca al final (también como en otros anteriores). Pero empiezo a creer que esta serie no es del todo para mí, y me explico…

Es curioso que siempre había sido poco partidario de las series, sobre todo por la idea de ir siguiendo una misma historia a lo largo de muchos episodios y temporadas, y que ahora que sí me he aficionado a ello, una en la que las historias son independientes en cada capítulo (que era mi excepción antes) no me acabe de funcionar del todo, salvo en capítulos muy concretos. Pero supongo que el problema lo tengo en que una historia que se cuenta de forma todavía más breve que en una película de cine (la mitad o menos de metraje, normalmente), no acaba de tener todo el desarrollo que requeriría para mi gusto.

Cuando vi que Blanca Navidad tenía más duración de la habitual en Black Mirror (prácticamente media hora más), tuve un pequeño atisbo de esperanza… Pero luego resulta que son tres historias dentro de una, así que cada una de ellas es todavía más breve que un capítulo normal, por lo que el problema se acentúa. Y eso es exactamente lo que me ocurre: Que las tres historias, especialmente las dos primeras, me parecen interesantes sobre todo en el aspecto tecnológico, pero luego no me seducen, no me dicen ni fú ni fá, no me transmiten demasiado emocionalmente.

Personalmente, y por evitar la tentación cuñadil de dejar eso ahí tirado sin razonarlo, creo que lo anterior me pasa porque antes de conocer a los personajes, prácticamente introducidos sin definir psicológicamente, ya estoy viendo lo que les pasa, sin saber si sus reacciones se deben más a los hechos insólitos y distópicos acaecidos o a su propia personalidad, que por otro lado tampoco sé hasta qué medida está influenciada por su propia vida en la distopía. Es una falta de información, y una resolución precipitada de conflictos, que me desubica como espectador de la historia… Qué bien ha quedado, ¿eh? Parezco cultureta y todo… Y lo triste es que a lo mejor mi problema es que, al estar mucho menos apegado a las nuevas tecnologías que la mayoría de la gente, me siento menos identificado con lo que les pasa a los protagonistas… “Vaya morro que tiene el Pulpo este…”.

Por poner un ejemplo, en la segunda historia lo único que sé de la nieta de Charlot es que no le gustan las tostadas muy hechas, cosas que le daba igual porque la anestesista ya estaba entrando por la puerta, así que poco tiempo le habían dado para comérselas. Luego, la mujer lo pasa muy, muy mal con el servicio tecnológico que ella misma había solicitado, cosa que me parece terriblemente injusta después de todo lo que había hecho por los más necesitados de Juego de Tronos, y más habiendo renunciado a su noble origen…

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Sin embargo, y como ya he sugerido antes, a mitad de la última historia hay un giro de guion con el que empecé de repente a disfrutar de lo poco que quedaba de capítulo, y milagrosamente a partir de ahí me parece que se redondea de forma realmente brillante, con un epílogo genial, en el que los dos principales protagonistas finalizan sus historias de una forma llena de ironía, tan sobrecogedora como divertida. Es un cierre que eleva mucho el nivel general del capítulo, pero para el cual he tenido que pasar casi una hora de relativa insatisfacción, parecido a lo que me ocurrió con 15 millones de méritos y sobre todo en Oso blanco. Es curioso porque creía recordar que me habían dicho que lo bueno de esta serie eran los planteamientos y lo malo los finales mal resueltos, y de momento me parece que más bien suele ser al revés. Desde luego, este final de Blanca Navidad me parece posiblemente el mejor hasta el momento.

Implicaciones tecnológicas

Recupero esta subsección de las reseñas (que como podéis ver es intermitente como el Río Guadiana), ya que así puedo hacer una breve mención de la tecnología (que es lo que nos interesa en este blog) tratada en el capítulo. Y es que los planteamientos tecnológicos de las tres historias sí son jugosos y daban para bastante más que lo ofrecido en el capítulo, creo.

En la primera historia se trata el vouyerismo en Internet (la breve pero casi infalible en Black Mirror mención al sexo), junto con una curiosa teleasistencia técnica para ligar. Me desubica que haya tanta gente a la que le haya funcionado antes el sistema sin los obvios y visibles problemas (técnicos y psicológicos), y el final me parece abrupto y no del todo bien explicado, para mi gusto (la excepción). Pero la idea era curiosa.

De la segunda ya hemos hablado antes, pero la idea tecnológica me parece todavía más brillante: La creación de un clon digital que, por si fuera poco, controla al humano original y que, por si (todavía) fuera poco, es controlado (y esclavizado) por otro humano… (esto parece la portada del disco The number of the Beast de Iron Maiden…). (Por cierto, artículo relacionado de hoy mismo en Hay Canal, otra casualidad...) Otra nueva vuelta de tuerca a cuestiones éticas: ¿El cuerpo real se puede seguir sintiendo como la persona original…? Es como lo del teletransporte: ¿Para qué me quiero regenerar celularmente, ya sea en Madagascar o en Parla, si el clon de mí que va a disfrutar del viaje no soy yo?  ¿Y el clon digital? ¿Debería o no tener derechos? Pero, otra vez, es todo tan breve y precipitado que a mí el desarrollo me resulta más absurdo que llamativo o sobrecogedor, qué queréis que os diga. Una pena, porque creo que daba para mucho más y sobre todo mejor (¿tal vez un único capítulo dedicado a ello?).

La tercera trata, entre otras cosas, sobre el ostracismo en versión digital, llevando a un paso más real la idea de poder “bloquear” a alguien, no a su perfil de redes sociales, si no a la propia persona en sí misma. Una idea tan brillante como inquietante que da lugar a un epílogo final (ya fuera de la propia historia) que es sencillamente pesadillesco al tiempo que fascinante (al igual que la paradoja infinita de la otra mitad de ese cierre).

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Bueno pues así, con tantas palabras acabadas en “ante”, despido esta segunda temporada del Espejo Negro, en lo que es también la última reseña de este año, claro. Ahora volveré a hacer una pausa para reseñar otras ficciones fuera de la serie, o tal vez el capítulo interactivo Bandersnatch (que le tengo bastantes ganas y como entretenimiento “vacacional” estos días puede ser interesante). Y no, no me voy a despedir según la tradición navideña, pero que conste que me parece estupendo si vosotros lográis pasároslo bien en ese rollo… Yo me lo voy a pasar mejor que nunca, precisamente porque este año no conviene celebrarla. Algo bueno tenía que tener la pandemia…

 

Nota del Pulpo: Una hora de 6 y 15 minutos de 8,5 hacen una media de 6,5 / 10.