El cinéfilo tecnológico: El Precio de la Red

Tenemos lo que las Redes Sociales han decidido que merezcamos

La primera película que reseñamos en esta sección del Cinéfilo Tecnológico, entonces llamada el Boyero Techie en alusión al popular y polémico crítico de cine Carlos Boyero, fue La Red Social, que trata sobre la creación de la aplicación social Facebook y su empresa. Ahora cerramos el círculo con una entrada acerca de la que algunos consideran una secuela no oficial de aquella, El Precio de la Red, todavía en los cines.

Es curioso porque en el post sobre la película de David Fincher del año 2010 aprovechamos para clamar (por pedir que no quede) precisamente por una secuela que tratase otro momento clave de la historia de Facebook, el del famoso caso de Cambridge Analytica, sobre el cual publicamos también otra entrada. Nuestra petición ha quedado “atendida” de forma un poco particular, porque secuela ha habido (si se la puede considerar así), pero no del hecho solicitado, sino de uno posterior: El del cambio en las políticas de Facebook que propició el discurso del odio y la desinformación para tratar de remontar la caída de seguidores de la plataforma, y que desembocó en el asalto al Capitolio de los Estados Unidos.

El hecho es que, sea cual sea el momento elegido para narrar una historia acerca de Facebook, todas las posibles películas de la saga van a tener un denominador común: Las negativas consecuencias para la sociedad del poder de una aplicación informática y sus algoritmos cuando su uso es masivo y está diseñada prioritariamente para el lucro de sus propietarios, por muchos discursitos de misión social y libertad de expresión que hipócritamente defiendan sus responsables. Unido a ello, muy cinematográfico va a ser siempre contar con un villano como Mark Zuckerberg, que en esa posible saga sería un nada despreciable Darth Vader (aunque en este caso no acabamos de ver su reverso positivo o Anakin Skywalker…).

Y como en esta película también hay buenos, seguiremos con el paralelismo de Star Wars, en el que nuestro Luke Skywalker vendría a ser el periodista de investigación recién llegado al periódico The Wall Street Journal, Jeff Horwitz, que trabajará para intentar publicar el nuevo escándalo en torno a Facebook. Para ser precisos, aquí la princesa Leia debería considerarse, como líder de la alianza reblede, a su jefa en el periódico, pero más heroica y protagonista es la ingeniera de la empresa de la red social, Frances Haugen, que se debatirá sobre si revelar o no los documentos internos que demuestran que su compañía prioriza la interacción de los usuarios y los ingresos económicos por encima de la seguridad de estos, propiciando consecuencias como el empeoramiento de la salud mental de muchos jóvenes y adolescentes, y el ingreso de gente en grupos de ideología radicalizada.

Mientras los buenos hacen su trabajo, los asesores de Zuckerberg preparan al magnate de Facebook, en una vista simulada, para que en breve testifique ante el Senado de los Estados Unidos, acerca de la moderación de contenido de Facebook y su influencia en las elecciones estadounidenses. En estas escenas se resalta la importancia que se le da a la imagen y a las formas frente al fondo, para hacer creíble el discurso hipócrita de la compañía, con los “mea culpa” que nunca nos creímos de Zuckerberg, y asistimos a quebraderos de cabeza sobre las fórmulas correctas de narración, la inclinación correcta de la cabeza en el saludo, o el color de la corbata. Todo cuadra, teniendo en cuenta que estamos en el posturero mundo de las redes sociales.

Llegamos finalmente a la escena del asalto al Capitolio, durante la cual es mencionado, sin ser nombrado (pero todos sabemos quién es), alguien que realiza publicaciones en Facebook en tiempo real durante aquel bochornoso suceso. Cuando alguien pregunta si en el nuevo vídeo subido ese “alguien” ha solicitado a los manifestantes que se dispersen, la respuesta es no. La cara de preocupación de Zuckerberg ante los hechos y ante la actitud de quien postea en Facebook es una especie de confirmación emocional de que para él Donald Trump es el Emperador Palpatine… y aunque no se lo carga lanzándolo al reactor como en El Retorno del Jedi, sí que decide bloquear su cuenta (pero no por salvar a Luke, sino por salvar Facebook, que quede claro).

Muy interesante película, que creo que sería muy recomendable que viese todo el mundo, tal y como están las cosas. No digo que sea mejor que La Red Social, pero tampoco creo que tenga nada que envidiarla (de hecho, a mí me ha entretenido y sobrecogido más). El mismo guionista de aquella, Aaron Sorkin, vuelve a escribir con brillantez unos diálogos inteligentes y fluidos, y esta vez además también la dirige, de forma notable. El papel de Zuckerberg ha pasado de Jesse Eisenberg a Jeremy Strong, y si aquel ya lo trabajó fenomenal, este consigue hasta dar miedo. Al periodista Jeff Horwitz lo interpreta Jeremy Allen White, que ha cocinado muy bien su personaje (guiño a los seriéfilos), y a la científica de datos Frances Haugen le da vida Mikey Madison.

¿Dará para más capítulos cinematográficos la más que cuestionable historia de Facebook -ahora Meta-? El más reciente fue otro rapapolvo para Zuckerberg, que vuelve a confirmar otra vez lo mismo.

 

Nota del Pulpo: 7,5 / 10