Vamos a aplazar momentáneamente el gran debate entre ChatGPT y Claude que iniciamos la semana pasada (y que, la verdad, podríamos llevar al propio tema de la presente entrada, pero ya sería demasiado delegar en las apps de IA), para tratar algo de lo que se está hablando estos días: El informe PISA sobre los resultados de los sistemas educativos de los países europeos.
Como es sabido, la calidad de las competencias de los estudiantes españoles ha bajado en la última edición de dicho informe hasta un mínimo histórico, siendo el nuestro uno de los países con peores resultados. España se sitúa por debajo de los promedios de la OCDE y de la UE en las tres competencias analizadas (matemáticas, lectura y ciencias).
Las causas sin duda son diversas (no nos vamos a meter en las que no sean competencia de nuestra temática habitual, la tecnología), pero a nadie se le escapa que el uso excesivo de los smartphones influye negativamente en capacidades como la comprensión lectora. La excusa que muchos le han puesto aquí a los adictivos dispositivos de pantallas táctiles es que el fenómeno de la adopción y uso de teléfonos móviles inteligentes ha tenido lugar en todo el mundo.
El argumento es válido como forma de evitar que no nos fijemos en otros motivos propios de nuestro país, pero peligroso por querer quitarle importancia a la huella de la era digital en nuestra sociedad. Porque, en realidad, es un argumento impreciso (como mínimo, porque es casi falaz): En todo el mundo los resultados han empeorado, y por lo tanto en todo el mundo la tecnología puede (y tiene pinta de) estar afectando negativamente en los estudios.
Pero, ¿por qué podría estar afectando más en España que en otros países?, preguntarán de nuevo los tecnófilos. La respuesta puede ser muy sencilla, y vuelve a tener relación con la tecnología: Nuestro país es uno de los que más han adoptado el uso de smartphones de todo el mundo. Ya hace 10 años, estudios apuntaban a que España era ya el país con más “smartphones” por habitante del mundo empatado con Singapur, con una tasa de penetración del 92% (Estudio de Black Market). Se puede decir que, muy probablemente, hay una correlación entre la delantera que hemos llevado desde hace años en el uso de la tecnología y los resultados que se empiezan a vislumbrar ahora en el rendimiento estudiantil, sin que eso invalide otros motivos locales.
Ya hemos escuchado muchos argumentos acerca de la inmediatez y simpleza de los estímulos del scroll, las redes sociales y los mensajes propios de internet, frente a la concentración que exigen los textos largos. También habrá quien piense que nuestras capacidades cambian con nuestro progreso, y que en el futuro seremos expertos y cultos en el uso de tecnologías digitales, que serán sobre lo que se nos evalúe; que un libro es sólo una interfaz de una larga era de nuestra existencia que está siendo sustituida por una nueva forma de comunicación y transmisión de conocimiento, etc., etc. En fin, a saber hacia dónde nos dirigimos…