Del autor de cómo protegerse del espionaje web cam de manera cutre y de, semanas más tarde, qué le pasaba a tu viejo ordenador que no funcionaba y ahora que ya no se actualiza porque no admite Windows 11 sí va bien (y cuando decimos autor nos referimos tanto a intelectual -redactor de las entradas- como a material -experimentador de las vivencias narradas-) llega ahora un nuevo ejemplo de cómo afrontar problemas tecnológicos domésticos con mentalidad pulpística, no por ello poco efectiva pese a lo que podría parecer.
Hacía ya bastante tiempo que estaba harto de los frecuentes fallos de mi Smart TV: Plataformas de streaming que no cargan, aplicaciones que se cuelgan, retransmisiones que van a trompicones, etc. Indignado con el simple hecho de recordar lo bien que funcionaban los televisores antiguos, que era darle a un botón y ya estaba (por no hablar de los goles retransmitidos con tantos segundos de retardo respecto a los voceras de algunos de los vecinos, que parece que ya están viendo la siguiente jornada de liga o incluso la temporada del año próximo), no podía evitar la contradicción de todo ello con eso a lo que llamamos progreso…
Con el acaloramiento acumulado de las muchas veces que retrasaba mi hora de empezar a comer porque esperaba, apagaba y encendía la TV, apagaba y encendía el router, deshabilitaba y habilitaba la conexión Wi-Fi, golpeaba y desgolpeaba los aparatos, tiraba y destiraba el mando a distancia por la ventana, bajaba y desbajaba a la calle a recogerlo, etc., etc., y todo ello en sus infinitos órdenes, combinaciones, variaciones y permutaciones, llegó un momento en el que decidí contactar con el servicio técnico de mi compañía, a través de una app de mensajería instantánea. Conteniendo mis nervios la mayor parte del tiempo (cabrearse escribiendo en un chat da mucha menos vergüenza), la conclusión era que, si quería que mi TV funcionara correctamente, mi compañía sólo podía garantizarme tal cosa si usaba el descodificador facilitado por la misma, y que ellos no respondían de si a la TV (que les había comprado a ellos mismos) le funcionaba mal su conectividad de red inalámbrica.
Sin estar muy convencido de lo anterior, y con el problema sin resolver, dado que la escasa longitud del cable HDMI del descodificador no me permitía llegar a la TV desde el lugar en el que está el router (y por tanto el descodificador, conectado a aquel por otro cable Ethernet demasiado corto) seguí probando opciones. La lucha con el cacharro consistía en : “¡Ah!, ¿Qué no quieres pillar la Wi-Fi de casa? ¿Pues te vas a cag…? Ahora te conecto al punto de acceso móvil de mi smartphone 5G, por lista”. Y eso a veces funcionaba, y a veces no. Los retrasos en mi conveniente nutrición seguían produciéndose con demasiada frecuencia, y con ellos los acaloramientos, los improperios, y los lanzamientos de mando a distancia con doble tirabuzón (con el estómago vacío cuesta mantener la calma).
Luego, las soluciones resultan ser más fáciles de lo aparente, y uno podría ahorrarse disgustos e irritaciones innecesarias de dar con ellas antes, pero claro, Pulpos en la nube somos, y como tal vamos dando bandazos en el mundo networking (como en tantos otros del universo informático). El caso es que un buen día apareció la iluminadora idea: ¿Y por qué tiene que ser conectividad Wi-Fi? ¿No es esa oquedad en la espalda de la TV una conexión Ethernet? ¡Pues compremos un cable Ethernet de 10 metros y a ver qué tal! Total, son solo unos 10 euros.

Dicho y hecho, con el cable Ethernet conectado al router, y con el inconveniente (soportable) de tenerlo corriendo por el suelo sin instalación profesional por las paredes (sólo me faltaba ya el bricolaje para acabar de desesperarme), la Smart TV funcionaba siempre como debe ser… ¿Siempre…? ¡No! (Esto parece la introducción de un cómic de Astérix, pero no lo es…) La conectividad no es el único problema. El mayor, pero no el único: Luego están las actualizaciones de software que no se instalan, y que un Pulpo no sabe cómo hacerlo… Otra vez a desahogarse con el vistoso arte del vuelo indoor de mando a distancia…
Pero entonces vi la solución final, la definitiva: El problema de no poder (querer) utilizar el descodificador de la compañía parecía haber sido siempre que el cable HDMI era demasiado corto, sin pensar en que el mismo argumento valía para el cable Ethernet que lo une al router. Ahora, con el cable Ethernet de 10 metros, el descodificador podía divorciarse del router e irse a otra habitación a convivir con el televisor. Que es lo mismo que decir que si Mahoma no va al descodificador, tendremos que llevar el descodificador a Mahoma. Que por otro lado es como tiene que ser, porque si no a ver cómo usamos el mando a distancia del descodificador (que efectivamente tiene el suyo propio). Con esta nueva iniciativa, aquello era como convertir a la Smart TV en una simple pantalla receptora de señal, que se puede comparar a poner a Messi de defensa. Pero vamos, que si funciona, pues funciona y ya está. Eso sí, algunas aplicaciones no están habilitadas en el descodificador, como Youtube, así que lo que hago es cambiar la conexión Ethernet -siempre conectada al router- del TV al descodificador, dependiendo de lo que quiero ver o de lo capaz que es la Smart TV de funcionar bien ese día (o sea, que Messi pueda meter goles en ese partido o esté de bajón).
Sobre por qué no comprar antes de todo el lío un cable HDMI de 10 metros mejor no doy explicaciones, aunque la misma tontería que retardó la idea del Ethernet vale igual para esto… Y menos mal, porque capaz habría sido de usar el mando de la TV en una habitación y el del descodificador a diez metros de ésta: Vaya paseos más tontos para usar mandos a distancia…
P.D.: Es posible que te hayas dado cuenta: Después de decir que mi Smart TV es una castaña, la he llamado Messi. Pues no, no soy del Madrid. Es un contrasentido, pero necesitaba una metáfora y no me apetece cambiarla. Además, ese señor ya tiene una edad…