Usamos puertos USB por debajo de nuestras posibilidades

Todo depende del color… y no me refiero al color con el que se mire

Nunca te acostarás sin saber una cosa más. Con esta última ya van tres frases manidas y aún no hemos entrado en materia (aunque la segunda, en el subtítulo de la entrada, sólo estaba sugerida). Pero es que es así: hoy hasta el Pulpo va a conocer algo muy sencillo, útil y accesible de informática que no sabía.

Me enteré de ello (yo también soy muy pulpo en la nube -casi diría que YO soy El Pulpo-) hace unas semanas, leyendo un artículo en Gizmodo: Un detallito, curiosidad o “secretillo” de esos que están al alcance de la vida cotidiana de cualquier usuario de dispositivos tecnológicos, pero que no todo el mundo conoce, y que mejoran la eficiencia en el uso de, por ejemplo, los ordenadores personales, así como de los accesorios de hardware que conectamos a ellos.

Y de la misma forma que una llave no tendría nada que hacer con una puerta si esta no tuviera cerradura, cachivaches como un teclado o un ratón con cable, o un disco duro externo, no podrían asociarse en armonía con un PC si este no tuviera ranuras de conexión como los puertos USB. Hasta aquí nada que no sepamos, salvo que, alguna vez, algún que otro pulpo haya intentado conectar un UBS normal en un FireWire o en un DHMI… ¿te parece que empezamos a hablar “raro”…? Entonces es probable que eso te haya pasado a ti, como el niño cabezota que intenta meter el cubo en el hueco del cilindro… ¡Pulpo!

Ahora bien, sin salirnos de los USB, y aquí viene el “secretillo”, ¿sabías que hay distintos tipos de puerto USB? ¿Sabías que son distintos grados de desarrollo de esa tecnología, que dan lugar a distintos rendimientos y velocidades de transferencia de datos? ¿Y sabías que es tan fácil distinguirlos que con no ser daltónico te basta? Si, amigos, se distinguen por el color, como los grados de dificultad de los bloques de Boulder en un rocódromo, como las etiquetas de Nutri-Score y como las de la eficiencia energética. En el artículo antes mencionado puedes verlo con más detalle, pero aquí optamos por la simplicidad apta para pulpos, y lo resumimos poniéndolos por orden de menor a mayor velocidad de transferencia de datos (no en la foto, sino en la lista de debajo):

tipos_USB

Blanco (USB 1.0) – Negro (USB 2.0)  – Azul (USB 3.0 ó 3.1) – Azul claro (USB 3.1 Gen 2) – rojo (USB 3.2) – amarillo o naranja (carga rápida)

Y no me resisto a hacer la prueba: Voy ahora mismo a transferir 7,5 GB de datos a un disco duro externo por un puerto USB 2.0 (negro) y por un USB 3.0 (azul), y lo voy a cronometrar, escribiendo el resultado a continuación:

  • USB 2.0 (negro): 5 minutos 34 segundos
  • USB 3.0 (azul): 3 minutos 22 segundos

Pues efectivamente, con el segundo me habría ahorrado algo más de dos minutillos, que, oye, me dan para irme a hacer un Cola – cao; si tuviera sólo la ranura negra me tendría que conformar con un Nesquik… Aunque visto de otra manera, si me lo hago mientras transfiero los datos en vez de esperar a que termine, prefiero la ranura negra… ¡Bueno, este no es el tema!

En fin, aparte de toda la tontería propia de la filosofía que inspira este blog (como habéis podido comprobar), lo cierto es que saber esto puede ser útil para que utilicemos mejor esas conexiones, de forma más eficiente, que si no luego nos quejamos de si tarda mucho, venga que me tengo que ir, vaya purria de conexión, etc. etc. Y además os lo ponen fácil, amigos: En el cable del disco duro que he usado también el USB tiene su propio color, en este caso azul (3.0), y por lo tanto ya es de Barrio Sésamo: Azul al azul, amigos: es todavía más simple que reciclar bien.

Bueno, por si acaso veis que necesitáis reforzar este extraordinario conocimiento adquirido hoy, no descartamos la posibilidad de que el Pulpo os examine sobre ello más adelante.