Acuérdate de jugar

Videojuegos para la memoria

Amigos, no cabe duda que estamos en estado de gracia. El lunes estrenamos nuestra nueva sección dedicada a Black Mirror con una reseña del capítulo Toda tu vida, que trata sobre la implantación de memoria digital en la cabeza, y hoy tenemos la ocasión de mostraros un artículo que nos ha llegado recientemente acerca de otra posible forma también tecnológica pero no invasiva (al menos literalmente) de mejorar las capacidades para recordar lo que tenemos metido en la mollera. Qué bien hilado, ¿verdad? “¡Qué listos! ¡Qué listos!”, que diría Javier Cansado.

El caso es que, con todo lo tecnófobos que nos gusta ser por aquí, más que nada para tocar las partes bajas al respetable y, si es posible, generar polémica y con ello subir la audiencia, como si fuéramos Tele 5, la excepción a la regla nos gusta ponerla donde mola: En la diversión, por supuesto. Y la diversión del mundo digital para nosotros se encuentra, claro está, en los videojuegos, como habréis podido comprobar a lo largo de estos años que nos venimos conociendo. Pero ojo, que no sólo nos gustan para pasarlo teta, sino que también defendemos su posible valor educativo, siempre y cuando no se tenga con ellos más vicio que Pocholo en un horno de pan.

Y parece ser, según este estudio que os vamos a mostrar a continuación, que una de las capacidades que mejoran en nuestro ser con eso de haber jugado con el ordenador o videoconsola cuando éramos churumbeles es la memoria. Sí amigos, toda la vida escuchando a vuestras madres diciéndoos que os ibais a quedar tontos con tanto matar marcianitos, y ahora resulta que es posible que cuando estáis trabajando recordéis mejor las cosas que tenéis que hacer (salvo mirar si el jefe os ha contestado cuando queda 1 minuto para la hora de acabar la jornada, pero eso ya no sería olvidar, sería procrastinar -intencionado, vaya-) gracias a las horas que le echasteis hace décadas al Mario Bross o al Tetris. Qué cosas.

No me extraña, qué queréis que os diga. Cuando hace unos 4 años me instalé en mi portátil un emulador de mi viejo Amstrad CPC 6128 con el que jugaba en los 90, cosa de la que os hablé por aquí, flipaba comprobando cómo todavía me sabía perfectamente, 20 años después, la siguiente pantalla del Abu Simbel, o el truco para matar al bicho gordo final del Game Over, o dónde estaban las llaves del Phantomas. Así que, cuando 10 ó 15 años más tarde (hace ahora 10 ó 15, vaya) me tiré siglos enteros para pasarme el Half Life (ya te decía el título del juego cuánto ibas a tardar en terminártelo), entiendo que hice con mi materia gris cerebral lo que Arnold Schwarzenegger con sus músculos. Y se nota, porque vaya capacidad de trabajo más espectacular que atesoro, como podéis comprobar en esta maravilla de blog, ¿a que sí?

Bueno, pues sin más, una vez más os dejamos con este material ajeno (vaya incoherencia con lo que os acababa de colar...) pero interesantísimo y que tanto tiene que ver con nuestras (y esperemos que vuestras) inquietudes. Y mientras, os emplazamos al primer examen que os vamos a hacer en el blog, este mismo viernes, o sea dentro de dos días… Ya sabéis, la mejor manera de estudiar… ¡¡¡echarse unas partiditas!!! (¡Joder, lo he vuelto a hacer! ¡Lo he hilado todo otra vez! ¡Este blog es un continuum en el que todo encaja! ¡Qué listo! ¡Qué listo!)

 

El uso de videojuegos durante la infancia mejora la memoria de trabajo años después

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Diferentes estudios han demostrado que el uso de videojuegos provoca cambios estructurales y funcionales en el cerebro, como el aumento del tamaño de algunas regiones y la activación de regiones responsables de la atención y de las habilidades visoespaciales. Una nueva investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) va un paso más allá y revela que algunos cambios cognitivos podrían producirse incluso años después de haber dejado de jugar a videojuegos.

Esta es una de las conclusiones de un estudio que publica la revista Frontiers in Human Neuroscience y en el que participaron 27 personas de entre 18 y 40 años con y sin experiencia en este tipo de entretenimiento audiovisual.

"Aquellos que fueron jugadores habituales de videojuegos antes de la adolescencia, a pesar de que en la actualidad ya no lo sean, mostraron un mayor rendimiento en tareas de memoria de trabajo, que implican la retención y la manipulación de información en la mente para producir un resultado", señala Marc Palaus, doctorado en la UOC.

El artículo científico es fruto de la tesis doctoral de Palaus, dirigida por Elena Muñoz y Diego Redolar, investigadores del grupo Cognitive NeuroLab, de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC. Los tres son coautores del estudio junto con Raquel Viejo, investigadora del mismo equipo.

Los resultados del artículo muestran que los participantes que no tenían experiencia temprana en videojuegos no se beneficiaban de una mejora al procesar e inhibir estímulos irrelevantes. De hecho, eran más lentos que quienes habían jugado a videojuegos de pequeños, lo que concuerda con estudios previos.

Además, "las personas que durante su infancia eran jugadoras habituales de videojuegos tenían un rendimiento inicial mayor al procesar objetos en 3D, aunque estas diferencias se mitigaban tras el periodo de entrenamiento en videojuegos, cuando los dos grupos terminaban rindiendo a un nivel similar", puntualiza Palaus.

Combinación con estimulación magnética transcraneal

El estudio con los participantes duró un mes y los autores analizaron sus habilidades cognitivas, incluida la memoria de trabajo, tres veces: antes de que empezaran el entrenamiento con videojuegos, al terminarlo y quince días después. El videojuego utilizado fue Super Mario 64 de Nintendo.

La investigación también incluyó diez sesiones de estimulación magnética transcraneal, un tipo de estimulación cerebral no invasiva que modifica la actividad cerebral de forma temporal a través de la piel, sin necesidad de acceder físicamente al tejido cerebral.

"Utiliza ondas magnéticas que, aplicadas sobre la superficie del cráneo, son capaces de provocar corrientes eléctricas sobre las poblaciones de neuronas subyacentes que modifican su activación", explica Palaus.

Los investigadores querían averiguar si el uso combinado de videojuegos y este tipo de estimulación mejoraba el rendimiento cognitivo, pero no fue así. Las causas pueden ser varias, entre ellas, que los parámetros de la estimulación eran muy experimentales.

"Nos propusimos el objetivo de lograr cambios duraderos. En situaciones normales, la duración de los efectos de esta estimulación puede ser del orden de milisegundos a decenas de minutos. Nosotros queríamos lograr una mejora del rendimiento en ciertas funciones cerebrales que sobrepasase este límite temporal", indica el investigador.

Potencian las capacidades cognitivas

En este caso, el videojuego utilizado fue una aventura gráfica con plataformas en 3D, pero hay múltiples géneros de este tipo de entretenimiento audiovisual que influyen de manera distinta en las funciones cognitivas.

Según Palaus, lo que comparten la mayoría de videojuegos es la presencia de elementos que incitan a seguir jugando y una curva creciente de dificultad que provoca que la actividad sea constantemente un reto. "Estos dos elementos son suficientes para crear una actividad atractiva y motivante pero que, a su vez, requiere un uso constante e intenso de nuestros recursos cerebrales", afirma el autor.

"Los videojuegos son la receta perfecta para potenciar ciertas capacidades cognitivas prácticamente sin darnos cuenta", añade. No obstante, el científico recuerda que estas mejoras influirán de forma limitada en el rendimiento en otras actividades fuera de los videojuegos, como sucede con la mayoría de entrenamientos cognitivos.