El seriéfilo tecnológico: Upload, temporada 3

Demasiada vida digital después de la muerte

Nuestra sección de reseñas de ficción está últimamente siguiendo la actualidad como pocas veces lo había hecho. Y es que las películas y series que tratan sobre tecnología parecieran haberse asentado ya como un nuevo subgénero. Hace poco lo mostramos con el film The Creator, y ahora lo hacemos con la reciente tercera temporada de Upload, cuyas dos primeras temporadas ya comentamos por aquí.

Releyendo precisamente aquella anterior reseña de la serie, compruebo cómo mencionaba referencias de la misma hacia otra ficción ya icónica dentro de la temática digital como es Black Mirror, también tratada en este blog, como no podía ser menos. Y sin embargo, la referencia más evidente, que yo desconocía, es la de The Good Place, que resulta que he visto antes de estrenarse esta nueva temporada de Upload. Bien es cierto que aquella no se encuadra argumentalmente en el concepto tecnológico o informático de manera explícita, pero por un lado sí tiene una estética o iconografía propia de la actual era digital, y por otro lado habla, al igual que luego haría Upload, de la vida después de la muerte.

Por lo tanto, ahora ya no sé si la forma tan positiva con la que juzgué Upload, especialmente en su primera temporada, habría quedado algo ensombrecida si hubiera visto antes The Good Place. Lo que sí tengo claro es que la serie tratada en este post me deslumbró mucho más en dicha primera temporada que cualquiera de las cuatro de la protagonizada por Kristen Bell y Ted Danson, pero ya no siento favoritismo en ninguna de las demás, incluida esta tercera que se trata aquí. Ya dije en la anterior reseña que la segunda temporada no aportaba tanto en cuanto a ingenio y sorpresas, y con la tercera pasa algo parecido, por mucho que extiendan el argumento en busca de la resolución de los conflictos de los personajes y de la sociedad dividida en “clases digitales” en general.

En lo que nos atañe en cuanto a la temática de este blog, la mayor parte de paralelismos de la serie con la tecnología de nuestro mundo real ya fueron puestos sobre la mesa, con brillantez cómica, en dicha primera temporada. El desarrollo posterior de la historia apenas ha traído nuevas ideas o hallazgos en ese sentido. Una de las pocas cosas destacadas, sin llegar a ser muy notable, es el detalle del aprendizaje de las inteligencias artificiales (cómo no, que no falte el tema de moda), presentes desde la primera temporada en forma de mayordomos clonados (uno de los personajes más netamente humorísticos). En contra de la idea del machine learning, que supone capacidad autónoma a la IA para desarrollar sus propias habilidades cognitivas, aquí es una persona (o mejor dicho, su avatar virtual) quien trata de educar a las IA… con no muy buen resultado, por cierto.

También tiene cierto interés la relación a cuatro del protagonista revivido en el mundo real, su clon virtual en el metaverso del más allá, y sus respectivas parejas, con el consiguiente manejo de los celos y demás. Tratándose de la misma persona en copias prácticamente exactas, ese personaje no puede evitar sentir similares cosas por las dos chicas, y ellas tampoco pueden evitar lo propio respecto a ambos. Más allá de estos detalles, la trama se desarrolla con cierta fluidez y una narrativa en general coherente, pero no me resulta, ni de lejos, tan atractiva como en la primera temporada, porque faltan las sorpresas “deslumbrantes” de aquella. En otras palabras, que ya está todo muy visto.

…Lo que también me lleva a que, probablemente, me estoy empezando a cansar, y/o a volver muy tiquismiquis, por dedicar tanto tiempo a películas y series sobre tecnología… Pero, en fin, de algo habrá que seguir hablando por aquí, digo yo.

 

Nota del Pulpo: Temporada 3: 6 / 10. Media de las 3: 6,67 / 10