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Prótesis para el cerebro, antes de lo que pensamos

Prótesis para el cerebro, antes de lo que pensamos

La posible conexión del cerebro humano a un ordenador es de esos sueños que pueden cambiar el mundo casi de un día para otro, y en profundidad. Si pudiésemos usar una computadora sin tener que 'usarla', es decir, integrándola en nuestro mismo modo de pensar, muchas cosas que hoy resultan complicadas serían mucho más sencillas.

Y no solo relacionarse con el ordenador de sobremesa o el móvil sin necesidad de torpes adminículos mecánicos como pantallas y teclados o de interfaces de voz siempre dadas al malentendido, sino más allá.

Si pudiésemos conectar un cerebro a un ordenador, podríamos hacer cosas como amplificar la inteligencia natural con ayudas artificiales, ampliar nuestra memoria hasta virtualmente el infinito, controlar problemas médicos como la epilepsia o quizá la depresión, permitir el uso de su cuerpo o una prótesis a parapléjicos y amputados o conducir máquinas (aviones, barcos, excavadoras, automóviles) como si fuesen una extensión de nuestro cuerpo. Las posibilidades son inmensas, y abrumadoras. Pero se están dando pasos concretos y reales hacia este objetivo que hacen pensar que lo veremos antes de lo que pensamos.

El empeño es muy complicado: el cerebro humano no está hecho para conectarse a un circuito electrónico convencional como los que fabricamos los humanos. El tejido nervioso es flexible, húmedo, trabaja en múltiples frecuencias y voltajes y transmite sus señales tanto de modo eléctrico como químico. Las neuronas están conectadas por billones de conexiones y ejecutan cambios rapidísimos en combinaciones inimaginables. Para 'leer' lo que queremos decir o hacer, un ordenador necesitaría recibir en tiempo real enormes cantidades de información de muchas neuronas en diferentes partes del cerebro. Y tendría que hacerlo con precisión y rapidez, y a ser posible sin necesidad de taladrar el cráneo para instalar elementos dentro del propio cerebro; algo que tiene sentido para aplicaciones médicas pero no obtendría aceptación masiva por muchas ventajas que ofreciera.

Las dificultades, pues, son enormes, pero el potencial del sueño es tal que numerosos grupos compiten por ser el primero en conseguirlo. Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, tiene Neuralink: un sistema de 'encaje neuronal' (neural lace) que pretende conseguir por medios no invasivos que podamos enviar texto a un ordenador solo con pensarlo. Bryan Johnson, un emprendedor que se hizo multimillonario al vender su empresa a PayPal, desarrolla en Kernel un sistema con el que quiere ampliar la memoria biológica con sistemas externos de almacenamiento informatizado. Y Darpa, el departamento de ideas locas del Pentágono, se sabe que financia hasta 10 proyectos diferentes con distintas técnicas y capacidades incluyendo uno que pretende ayudar a los soldados a aprender más rápido. Tarde o temprano alguno de los muchos competidores lo conseguirá.

Todos ellos tienen el respaldo de grandes instituciones y fortunas, y también cuentan con el viento a favor en muchos sentidos. La neurobiología está realizando grandes avances en el análisis de los mecanismos internos de funcionamiento de cerebro a nivel molecular y celular. La informática sigue avanzando a velocidades vertiginosas, lo que proporciona ordenadores cada vez más potentes. La inteligencia artificial está consiguiendo programas que son capaces de analizar ingentes cantidades de datos a gran velocidad y con enorme precisión, algo necesario para traducir los impulsos nerviosos del cerebro en órdenes concretas para un ordenador. Se han realizado prometedores experimentos en ratas y otros mamíferos; los obstáculos más serios se van eliminando poco a poco. La ciencia se está transformando en tecnología.

De modo que no es improbable en absoluto que en pocos años dispongamos de sistemas de conexión cerebro-ordenador; al principio para usos médicos y quizá militares, después para aumentar el rendimiento de profesiones como cirujanos o brókeres. Lo cual no será gran cosa en términos de novedad si las propuestas más ambiciosas como amplificar la inteligencia y la memoria se llevan a término: entonces sí que veremos Cambio con 'c' mayúscula.

Artículo escrito por José Cervera y publicado en 20minutos.es

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