¿Podríamos vivir sin Internet?

Qué pasaría si sufriéramos un apagón tecnológico

12/20/17, 10:36 AM

¡¡Hola a todos!! Qué, ¿ya habéis empezado a degustar polvorones y turrones?. Ojito con los excesos que cada vez empezamos antes la operación bikini…

Bueno, vamos al lío… Lanzo pregunta ¿qué pasaría si sufriéramos un apagón tecnológico? ¿seríamos capaces de sobrevivir sin internet? No creéis que nuestro blog “Como un pulpo en la nube” sería la definición perfecta si de repente amaneciéramos sin internet, y por ende, no tuviéramos a nuestro querido amigo el móvil, Tablet o portátil con el que habitualmente pasamos tantas horas entretenidos…

Dicen que España es uno de los países con más dispositivos tecnológicos conectados a internet y la consultora TNS tras un estudio realizado, confirma que los españoles pasamos más de 2 horas frente al smartphone, 0,8 frente a la Tablet y otras 2,3 con el portátil u ordenador. El estudio confirma que las aplicaciones que más usamos en nuestro móvil son WhatsApp y Facebook, bajando posiciones el correo electrónico o la lectura de noticias. Prestamos más atención al móvil por las mañanas (camino del trabajo) y por las tardes/noches (ya de regreso).

Otros estudios, arrojan datos aún más llamativos, y confirman que cerca de 4,7 millones de españoles dedican más de 5 horas al día a navegar por internet y más de 13 lo hacen durante más de 3 horas…

Con estos datos, imaginemos que hay un apagón tecnológico y nos quedamos sin conexión unas horitas, no vamos a imaginar dos días, porque colapso las urgencias y bastante tienen con las gripes, etc. ¿Os imagináis enfrentaros esas horas a la vida antes de internet, sin poder usar el GPS, el WhatsApp, el Google Maps, Shazam o Spotify, amén de las diferentes redes sociales (Twitter, Facebook, Instagram etc etc etc)? ¿Os lo imagináis?

Pues os resumo cómo nos enfrentábamos antes de existir internet y no nos fue tan mal, creo yo. Y eso, que reconozco el beneficio de estos avances tecnológicos en muchos aspectos, pero en otros…

•  Dejaríamos de ligar con Tinder. Ya sabéis que esta app con solo deslizar tu dedo por la cara de un desconocido te lleva a estar en la lista de los elegidos si pasa hacia la derecha, o te destierra, si el dedo se desliza a la izquierda. Antes coincidíamos y nos conocíamos en bares, escuelas, universidades… yo qué sé, hasta en la cola de la pescadería del barrio o sacando al perro… Solíamos estar más pendientes del guaperas que tenías al lado, no me diréis que no es así.

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•  Sin internet, iríamos a coger un taxi. A ver para qué nos sirven esas señales tan divinas que buscábamos en las grandes avenidas y que estudiamos en nuestro libro de conducir, que pone “TAXI”. Generalmente, encontrabas a los taxistas dispuestos y preparados para salir con nosotros al destino indicado. Olvidaos de saber su número de matrícula, modelo de coche, etc, eso sí, cuando llegarais a destino os aseguro que el estado del tiempo y el nombre del pueblo del taxista donde pasa los veranos con su suegra os lo sabríais. Por cierto, ¿os suena que esa lucecita verde significa que está libre? Lo digo, por si os pillara en mitad del Paseo de Recoletos y tuvierais que llamar a uno que pase. Recordad que con levantar la mano si esa luz esta encendida, sería suficiente.

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•  ¿Y si nos vamos al cine? ¿Recordáis lo que son las taquillas? Pues ahí se compran las entradas... wink

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•  Y qué pasaría con las compras… Bendita compra online que evita a veces el engorro de ir al Centro Comercial, aunque hay que reconocer que tampoco nos sienta mal una tarde de compras, con cash en mano (olvidaos de la amada tarjeta), porque en ese supuesto apagón tecnológico el datafono estaría incluido. Claro que, Carrie Bradshaw y Sexo en Nueva York no hubieran sido lo mismo con la compra online.

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•  Vamos a restaurantes por las opiniones que encontramos en TripAdvisor, Yelp,… gracias a recomendaciones de un tal Pepe de Sanlúcar de Barrameda que en su excursión para ver la exposición del Prado comió en Casa Manolo. Antes, tu tío Manuel te decía que había comido en el Restaurante El Torreón y que había sido barato y con un trato agradable y tus padres buscaban hueco para ir.

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•  Seguro que si damos un mapa a alguno nos pregunta que cómo se utiliza… Oye, que la comodidad de que esa señorita te vaya indicando “en 300 metros gire a la derecha” no es lo mismo que escuchar al copiloto de turno “creo que el desvió es el que viene” y 500 metros después de tomar el desvío te diga “perdona, que no era ese, que me he liado con el mapa de carreteras y es más adelante”.

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•  Y quedar con los amigos… ¿qué, alguno tuvo problemas para quedar? Oye, salíamos de casa previa ronda de llamadas y nos juntábamos en el buzón de la plaza General Palacios a las 18h. ¿a que todos llegábamos, dando concesión de unos minutos a los que sabíamos más rezagados? Yo he quedado con pandilla de amigos, ya en época de móviles y con una hoja de ruta establecida para ir de tapeo por horas y bares. Sin llamar a nadie para ver dónde están. Con ese “mapa del tesoro” nos hemos juntado sin problema alguno para tomar unas cervecillas, ¡un plan de lo más divertido!

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•  Y esos tarareos horribles donde no atinábamos una nota y preguntábamos por el nombre de la canción… Con Shazam es muy fácil pero no me digáis que no era divertido hasta acertarla.

•  Dejo para el final el tema de las fotos… Aprendimos a comprar carretes, ponerlos, sacarlos con cuidado para que no se velaran. Esperar unos días hasta que en la tienda de fotografía tenían listo tu sobre de fotos. Sin prueba-error, cuando apretabas el botón de la cámara más valía que tuvieras los ojos abiertos y mirando al frente. Cuántas fotos no han sido colocadas en esos álbumes…

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Después de este viaje en el tiempo, no digo que volvamos atrás en todo, pero hay que reconocer que por apagar nuestros dispositivos de vez en cuando, tampoco pasa nada y dicen que sus efectos son beneficiosos para nuestra salud emocional.  En un estudio del Happiness Research Institute se concluyó que las personas que habían desactivado sus cuentas de Facebook se sentían menos preocupadas y felices pasados siete días. Pero también nos encontramos con la cara B, y en libros como el de Enric Puig nos plantean “Cómo sobrevivir sin Internet y no aislarse del mundo”.

¿Vosotros qué pensáis? Ya imagino que sin nuestro pulpo no podríais vivir, je je je

Esperamos vuestros comentarios.

Post by Rachel